domingo, 29 de mayo de 2022

Reseña Película: The Towering Inferno (1974)

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Tïtulo original: The Towering Inferno
Año: 1974
Director: John Guillermin
Guión: Stirling Silliphant (basado en las novelas The Tower de Richard Martin Stern y The Glass Inferno de Thomas N. Scortia y Frank N. Robinson)
Con: Paul Newman, Steve McQueen, William Holden, Faye Dunaway, Fred Astaire, Susan Blakely, Richard Chamberlain, Jennifer Jones, O. J. Simpson, Robert Vaughn, Robert Wagner.
Duración: 122 min.
Grado: 8/10
Reseña: Hugo C

El edificio más alto del mundo está en llamas. Usted está allí con otros 294 invitados. No hay modo de bajar. No hay escapatoria.

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Hoy les traigo The Towering Inferno (1974). En España se llamó El coloso en llamas, en Latinoamérica se la conoció como Infierno en la torre. Cualquiera sea el título con el que la hayamos conocido, se trata de un clásico del cine catástrofe, un género que suele traer a nuestra puerta aquellas cosas que nos gusta ver en la pantalla pero no quisiéramos vivir en la vida real: tornados, inundaciones, naufragios, epidemias, accidentes aéreos, asteroides asesinos o, como en la película que hoy nos ocupa, incendios.

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Hoy en día estamos acostumbrados a las dueling movies, es decir, a las películas que tratan sobre básicamente el mismo tema y coinciden en las salas cinematográficas al mismo tiempo, compitiendo por el mismo público. Ése fue el caso con Armageddon y Deep Impact en 1997, con Volcano y Dante's Peak ese mismo año, o con Olympus Has Fallen y White House Down en 2013. Éste pudo haber sido el caso en 1973, cuando la Warner compró los derechos de The Tower, la novela de Richard Martin Stern, y ocho semanas más tarde la Fox hizo lo propio con The Glass Inferno, escrita por Thomas N. Scortia y Frank N. Robinson.

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Afortunadamente, tras las negociaciones de rigor se llegó a un acuerdo: la Fox y la Warner compartirían los gastos, y como contraprestación la Fox haría una película con material de ambas novelas y la Warner se encargaría de la distribución para todo el mundo excepto EEUU y Canadá. El nombre de la cinta no sería The Tower ni The Glass Inferno, sino una amalgama de ambos títulos: The Towering Inferno.

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El mayor problema fue el casting de los protagonistas, ya que ambos eran las superestrellas del momento y ninguno quería ser el segundón, en especial Steve McQueen, que exigió por contrato que él y Paul Newman tuvieran la misma cantidad de líneas de diálogo en la película. ¿Nunca se preguntaron por qué, al inicio de la película, Newman no abre la boca durante cinco minutos, y luego, en su primera escena con Holden, apenas le responde? Pues por eso.

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Esto también repercutió en los créditos. Los nombres de Newman y McQueen se muestran en diagonal para que ninguno de los dos quede subordinado al otro. En un principio William Holden había reclamado el mismo nivel en los créditos, pero sus años de dominio en la taquilla ya habían pasado y los productores no le dieron cabida. Por el contrario, Newman y especialmente McQueen estaban atravesando su momento más estelar y por lo tanto a ellos sí que tuvieron que llevarles el apunte en esos y otros caprichos.

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¿Y de qué trata la película? Pues, de un rascacielos de 138 pisos que se prende fuego justo en la noche de su inauguración, con el alcalde de San Francisco, un senador venal pero simpaticón y otras celebridades y famosientos en el piso de arriba. El edificio fue diseñado por Paul Newman pero construido por Richard Chamberlain, quien sin decir agua va mandó al cuerno las especificaciones del arquitecto y usó los materiales más pedorros con tal de ahorrarse unas monedas.

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Así que el cableado no aguanta el voltaje (o como se diga) y chau, el piso 81 es pasto de las llamas, aislando a los macanudos que se encuentran casi 60 pisos más arriba, en el salón Promenade del piso 135. Eventualmente Ojota Simpson –que aquí no mata a nadie y es el encargado de la seguridad del inmueble– llama a los bomberos y con ellos viene Steve McQueen, que va coordinando los sucesivos intentos para apagar el incendio y rescatar a los ricachones (y no tanto) que quedaron atorados allá arriba.

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Un consejo: en este tipo de edificios, a menos que uno quiera morirse de viejo usando las escaleras, es recomendable usar el ascensor, pero en caso de incendio, habiendo escaleras, el propietario no se responsabiliza por los inconvenientes que el uso del ascensor pueda ocasionar, como por ejemplo, quemarse vivo y terminar como un choripán con ropa, o desplomarte al vacío desde el piso 98.

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Para quienes no la hayan visto, no les cuento quién se prende fuego a lo bonzo ni quién se cae ni quién se ahoga –porque sí, amiguitos, también hay ahogados en este incendio–, ya que la gracia de este tipo de películas es que uno vaya adivinando quién sobrevive y quién no. Hay un poco de telenovela entre Fred Astaire y Jennifer Jones. Él es un viejo estafador y ella es una vieja a secas a la que quiere engatusar con unos bonos de dudosa valía. Hay una señora hipoacúsica con dos críos, hay un gato. Les tiro un spoiler: el gato sobrevive.

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En fin, una linda película para ver (o volver a ver) solo o con amigos un fin de semana, y una de las mejores –si no la mejor– de las que produjera Irwin Allen por esos años. Muy disfrutable, dependiendo por supuesto de si les gusta o no el género. Más allá de que en 1974 un edificio tan alto era una fantasía, la producción puso esmero en que el accionar de los bomberos en la película fuese realista y los efectos especiales y las miniaturas se sostienen bastante bien a casi medio siglo de su estreno.

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UOS

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Trite nos trae esta obra sin palabras.

En un mundo devastado, cerca del océano, un hombre peludo con traje de astronauta vive solo, como un farero desaliñado de antaño. Mecánicamente, con respeto a los protocolos y una aguda conciencia profesional, vela por el sitio del que es responsable, un lugar cuyo interior casi constituye un santuario secreto, sujeto a las más estrictas normas de seguridad, por su gran peligrosidad: una central nuclear.

Sin embargo, esta planta no es más que ruinas. Los techos están derrumbados, el hormigón de los reactores lleva mucho tiempo resquebrajado, el guardia de seguridad que el hombre saluda es solo un holograma que, sin explicación, recibe siempre la electricidad necesaria para su activación... En esta gran catedral, edificio mítico del poder de la Tecnociencia, los procedimientos del Guardián se convierten en rituales, el silencio y las sombras poco a poco se van encargando de darle un alma al lugar, y nuestro solitario Robinsón, en su delirio, hace de este santuario nuclear un templo que acoge los espíritus de los antepasados.

"Este lugar no fue construido en honor a nadie. Aquí no se conmemora ningún acto significativo. Aquí no se enterró nada valioso. Lo que hay aquí era peligroso y repulsivo para nosotros. Este mensaje está destinado a alertaros de un peligro. Este peligro sigue presente en vuestra época, como en la nuestra. Este peligro puede dañar vuestro cuerpo y puede matar. Este peligro se manifiesta por una emanación de energía. Solo se desata si se altera físicamente este lugar. Hay que evitar este lugar y dejarlo deshabitado."

Inspirado en este texto de un laboratorio estadounidense, Benjamin Adam dibuja una ciudad destruida pero pacífica, donde solo queda un hombre, un guardián, que realiza todos los días las mismas faenas de mantenimiento. O casi: también dibuja en las paredes la historia de la sociedad de antes, en una sucesión de ilustraciones metafóricas, reconectando con los hombres de las cavernas.

¿Cómo podemos evitar que las generaciones posteriores cometan los mismos errores, pregunta Benjamin Adam? Cuando todo haya desaparecido de la memoria de nuestras civilizaciones, ¿cómo podemos alertar a nuestros lejanos descendientes?

Idioma: Español (Mudo)
Editorial: Editions 2024
Año: 2021
Guion: Benjamin Adam
Dibujo: Benjamin Adam
Agradecimientos: RIP-Club y mamuf (CRG)
Archivos: 1
Formato: CBR.
Tamaño: 28 MB

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