miércoles, 2 de febrero de 2022

Reseña Cómic: La Viuda Negra

Reseña Cómic: La Viuda Negra

Título original: Black Widow
Año de debut: Tales of Suspense #52 (abril de 1964)
Guionista original: Don Rico
Dibujante original: Don Heck
País: Estados Unidos
Reseña: Constantinopolitano 

Nota: Las reseñas, críticas y notas de opinión, son responsabilidad de sus autores, son lo que ellos opinan, no significa que los administradores del blog pensemos lo mismo. ¿En serio hay que aclararlo cada vez?.

Pero, ¿qué te han hecho, Natascha?

Malas lenguas dicen que a la Viuda Negra no le dio vida Megan Fox de milagro, que fueron su lengua viperina y las muchas influencias políticas de la Johansson, las que inclinaron la balanza hacia la mosquita muerta. Aunque la gallina vieja sea la que hace mejor caldo, se precisaba a alguien una década más joven. Quizás ese fue el primer error al tratar de caracterizar a una protagonista polimórfica que pierde en la gran pantalla más de lo que ganó durante décadas en los cómics. Y no me refiero al tema de la cultura de la cancelación, que en eso ya han entrado otros al trapo. El tema es que uno de los personajes más sofisticados y tirando a sádico, de la factoría Marvel ha sido beatificado y hasta lidera una causa. La peli es peor que mala: a los 20 minutos ya aburre.

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Natascha Romanova (Jesús qué nombre y qué apellido) nunca tuvo nada de santa, ni pelos en la lengua, ni fue fiel a ideal alguno que se sepa, aparte de tener saludables digestiones y echar unos polvos legendarios. A veces trabajaba con los buenos, sin embargo, jamás por el bien en sí mismo, que eso queda perfecto en Kant, pero a ella le venía muy grande, que la chica era de ciencias. El que creó su estampa e ideología allá por 1964 fue Don Rico y la concibió como un personaje bastante más camaleónico que el mismo Camaleón. Natascha nunca fue “super”. Eso son cosas de Supergirl y Wonder Woman. Al igual que Batman, tampoco posee ningún superpoder, ni el cerebro de Bruce para crear artilugios, ni el apoyo de Industrias Wayne que respalde sus habilidades. Ella es más como Romario, aquel futbolista genial que deslumbraba con su juego en el campo a condición de que le dejaran en paz de entrenamientos y le permitieran salir con compañías poco recomendables, andar de fiesta, fumar como Bob Marley y beber vodka hasta tumbar a cualquier cosaco. Luis Aragonés nunca entendió algo básico: que cualquier exceso genial exige una compensación. No entendió a Romario, ni habría podido comprender a Natascha. Da svidániya, Don Luis. Simplemente se las apaña. Lo suple todo con estar tremenda y su muy mala leche. Fue un personaje creado para la traición y la supervivencia. Por debajo de los aderezos de la civilización, todo el mundo es porquería y ella se adapta bien a la realidad, que es porquería. Ha tenido más affaires que Paris Hilton. En algún momento, Ojo de Halcón, uno de tantos seducidos suspira: ojalá ella trabajase para el enemigo, porque es como Inglaterra en la Unión Europea, un dolor de huevos continuo. Si al menos parase un poco... Por desgracia, la tía no vota por el Widowexit, ni baja el ritmo. Peor aún: va calando en SHIELD y en los Vengadores.

Todos los personajes de Marvel son irreales. Obedecen a expectativas ajenas. Son lo que son, pero más, lo que otros quieren que sean. Por un lado, contentan a los de su círculo (he ahí a Parker, aplastado por la responsabilidad hacia tío Ben, tía May, la Brandt, Gwen o M.J.; mismo caso el de Reed Richards o Tony Stark, que también debe seguir cumpliendo con sus rituales de desenfadado playboy y, por otro, a los lectores de cómics. Stan Lee un día se sintió preso de sus propias creaciones. Precisó aire fresco, llamó a Don Rico y éste repescó a Black Widow, una figura satánica obsoleta de un cómic de los años 40 (Mystic Comics #4), para un nuevo rol. Entendió que toda conciencia tranquila sólo era mala memoria y Alan Weiss se encargó de ponerle unas formas exuberantes a su idea.

Mystic Comics #4

La tía se lía con cualquiera que sea oportuno, como buen ex-agente del KGB, aunque eso genere mal rollo en su entorno. Le da igual. Sus víctimas potenciales lo saben. Sólo permanece fiel a sí misma. Traiciona primero a los soviéticos. Después, estafa a los estadounidenses. Va de benditorra mientras realiza actividades extraescolares por su cuenta y va dando repasos al personal, que encuentra a su paso demasiado rabo incómodamente erecto que liberar. La tía es como un leopardo: mortal, aunque muy atractivo, un ser que piensa sobre todo en sí mismo. Si tiendes tu mano para acariciar al leopardo, él sólo verá que se aproxima una fácil merienda. El primero en quedar románticamente KO fue Daredevil, que mostró estar, además de ciego, tonto. Comenzó a perderla el día en que se empeñó en que ella pasase por un tribunal de justicia, tras haber defenestrado a un mierda como Escorpión (Daredevil 1 #083, 1971). Es claro que ninguna tía buena aguanta mucho al lado de un monaguillo, que ya lo dijo Houellebecq: aunque saques al betilla de la granja, la granja no saldrá del betilla.

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Su relación con Iron Man se convierte en una pesadilla para el multimillonario. Y eso que se supone que pasaron por la alcoba de Stark más modelos que por cualquier pasarela, que peinaba canas habituado a andar en tales pagos con todo género de brujas. Pero a la Viuda nunca la ve venir. La tía conspira en su contra para asumir el liderazgo, le larga unas trolas tremendas, lo espía y le pasa la mano por los lomos. Ya lo había hecho en el pasado. Lo hizo siempre. En el colmo del absurdo, el tonto de Stark termina creyendo que la va a llevar al altar cuando lo que ella pretende no es infiltrarse en su cama, sino dentro del gobierno de USA. Uno de los pocos personajes que no se deja engañar es Jarvis, quien la ve tal cual es: una Velma, una corista de ojos codiciosos, “la zorra de sus sueños”. Cuando consigue pruebas de que está traicionando a Stark, la Viuda se harta, mete un tiro entre las cejas al mayordomo desde la misma cama en que andaba arrugando sábanas con su prometido y a otra cosa mariposa (The Ultimates 2 #10). No hay que ser muy listo para darse cuenta quién avasalló siempre a quién en ese catre.

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Natascha manipula psicológicamente a todos. Hasta al lector. Nos resistimos a creer en sus actos de maldad. Deseamos que tenga un poco de conversión paulina y una luz la ciegue algo y la reconduzca por el buen camino. Pero las únicas luces que cegaron sus ojos alguna vez fueron las de la discoteca. Tiene recursos para dejar sin defensas a cualquiera: arreando guantazos, bajando su escote o sacando a relucir su experiencia en Red Room. Apela a la piedad cuando larga el rollo de que era una pobrecita niñita huérfana sobre la que se realizaron experimentos biológicos-pavlovianos a causa de los cuales tomó “malas decisiones” e hizo daño a gente inocente. Y todos lloramos. Es una tía buena que fue manipulada y reconoce haber obrado mal. ¿No merece redención? Pues no. Es una manipuladora que siempre anda buscando tomar ventaja a mamporros, seduciendo o apelando a la compasión ajena. Si no funciona lo uno, pasa a lo otro y, cuando tampoco, a la compasión. Cuando Thor atiza a Romanova a base de bien, de inmediato ella le espeta un ¿Qué le has hecho a mi bebé? y convence al nórdico de que está embarazada de tres meses, simplemente para ganar tiempo (The Ultimates 2 #05). ¡Pero si no tiene hijos! Si los tuviera, seguro que serían hermanos de especie de los de Danerys de la tormenta, porque a la Romanova la encontramos siempre echando muchas pestes de Red Room, pero cuando le conviene, vuelve allá. Será por nostalgia del té con pastas, ¿no?

El caso es que los de Red Room aprovechan y le asignan nuevas misiones para que la pobrecita no se deprima, que no hay peor cosa que andar por esos mundos de Dios desocupado. Si le señalan objetivos civiles inocentes (para que demuestre su fidelidad o porque la organización considera que quizás sepan algo que pudiera descubrir sus manejos), la Viuda los elimina sin preguntar, que la obediencia también es una virtud y, lo mismo que acontece con los vicios, probablemente sea conveniente probarlas todas. Claro que tampoco sigue las normas de Red Room al pie de la letra. Faltaría más. Estableció lazos afectivos con Marina, otra de las internas. Sin embargo, Marina demuestra no ser una sociópata y, en una misión en Cuba, se enamora. Vive a gusto con su novio Raúl y su gato “Suerte”. ¿Para qué más? La Viuda primero elimina al novio. Después va al baño, en donde Marina está duchándose. Le mete un tiro por la espalda. No deja vivo ni al gato (Black Widow 5 #20). Romanova style. ¿Tuvo una razón para asesinar a la feliz pareja? Vale, pero, ¿por qué matar al gato? Porque le miró a los ojos y le hizo sentir mal. O porque quería que desapareciera del mundo todo lo que le recordara a Marina. ¿Quién sabe? Para la Romanova la vida no deja de ser el escenario en donde un montón de insignificantes personajillos tratan de realizar grandiosas fantasías. Algunos han encumbrado el imperativo categórico a máxima instancia de la moral, pero algo así no constituye una realidad. Para que eso exista, lo mismo que para que haya leyes, se precisa la realidad del crimen. Y ella contribuye haciendo lo que se le da mejor. Más eslavo que este sentir, imposible.

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A mi entender el episodio más tétrico que protagoniza aparece cuando manda a un equipo de operaciones encubiertas para liquidar a Ojo de Halcón y lo encuentra, pero se encarga de que asesinen fríamente a la esposa y a los tres niños de Clint simplemente para dejar a Hawkeye devastado, muerto en vida, fuera de juego, cosa que consigue. Encima se regodea, cuando sabe que va a morir (The Ultimates 2 #13). Ni buena conducta, ni arrepentimiento. Jamás. Mientras, el tonto de Tony la extraña y hasta parece a punto de llorar, porque no se dio cuenta de que para la Viuda, “dormir”, “comer” y “follar” son sólo verbos sin mayor transcendencia. En suma: que la vinculación íntima entre la Romanova y Hawkeye en la gran pantalla resulta de lo más irónica, si has leído los cómics. Cuando ves Avengers: Endgame (2019), no hay manera de quedar sin la sensación de que te han tomado bien el pelo, porque el único sacrificio del que sería capaz Natascha es depilarse sus piernas con cera.

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Natascha es, quizás, el personaje más ambiguo del Marvelverso. Detrás de sus parrafadas ácidas y su carácter seco, el ojo detecta sexo absoluto. Su primera portada de 1999 (Black Widow 1 #01) volvió a poner de moda la licra y fue el cómic más vendido de la época, compitiendo con las habituales publicaciones para pajilleros. El atractivo dibujo de J. G. Jones marcó un antes y un después para la apariencia del personaje. A mi entender, también ahí perdió parte de su identidad.

Black Widow 1 #01

Con esa transformación, aunque laudable, el personaje entró en forma y contenido en una época experimental. Y ya lo dijo un alcornoque reconvertido en ministro: los experimentos en casa y con gaseosa. Después de 1999 el dibujo y la ideología fueron a peor. Parece haber entrado en la saga What If. La incorporación de Greg Rucka a los guiones y Scott Hampton al mando de los gráficos digitales bajó el listón. Pero mucho. Por un lado, el carácter de la Romanova dejó de ser seco y comenzó el tiempo de la amargura. Por otro lado, aparecieron esas viñetas experimentales que no son sino fotografías digitalizadas a las que se les aplica una reconversión en 2D para evitar que den demasiado el cante y desaparecen los efectos dinámicos de perspectiva, sello distintivo marveliano. Después metieron a Bill “Borrones” Sienkiewicz y, como era de esperar, hizo garabatos. Los dibujantes clásicos del personaje fueron artistas, mientras que Hampton y Sienkiewicz son profesores de plástica con humos que debieron seguir entreteniendo alumnos en el instituto. De Daniel Acuña voy a decir poco, pues a mí, personalmente, no me gusta nada. Y Marjorie Liu es una guionista como la copa de un... geranio. No sé si hay demasiado corcho en su desayuno o es que asistió a muchas clases de James Joyce. Una experiencia para olvidar.

Decía Jenofonte que no se debe convertir a un traidor en un icono, porque al final nadie sabe qué se pretende defender. Quien haya postulado a la Romanova en icono feminista para la gran pantalla no tiene idea de lo que ha hecho. A mi entender, ni siquiera ha leído los cómics en que presuntamente se ha fundado su film, porque convertir en abanderado de una causa a ese personaje es como regalar a Ghandi dos pistolas. Es una superviviente. Alguien indiferente. ¿El resultado? Aburrimiento garantizado. Deberían volver a los orígenes, en el dibujo y los argumentos.

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He de reconocer que el primer cómic Marvel que compré fue uno de la Viuda y la Cosa titulado ¿Es este el Día en el que el Mundo termina?. Había muchos otros, pero yo tenía unas pocas monedas y la tía se despelotaba (si bien ya deja poco a la imaginación, aunque vaya vestida de azul marino). Finalizaba con un Ben Grimm sonriente y la Romanova brindando con champán… No hay que ser un lince para imaginar lo bien que terminó la Cosa. En aquella época, la ideología de la Viuda estaba en las antípodas de los personajes sin mácula de Disney e, incluso, de la mayoría de los personajes Marvel. Sugería una y otra vez que para lograr una vida aceptable tienes que pisar el cuello de tus competidores. No queda otra. Lo dijo también Spinoza. Venimos a la vida desnudos, sólo con una porción de mala hostia (un conato) y entramos en un campo de fuerzas que se opondrán cada día a nuestro ser, al que llamamos “mundo”. Como no aproveches las pocas bazas a tu alcance y muerdas cuando toque, tu existencia apestará y perecerás pronto. Vas a sufrir acoso inevitablemente. Familiar, escolar y laboral. Manifiesto y sibilino. Los padres responsables ojalá que, en lugar de largarte el rollo de que vayas de bueno, te lleven a unas clases de karate. Porque en una realidad violenta, un guantazo a tiempo obra el milagro. Y para escalar hacia la cima de una profesión ve pensando en que has de exigirte excelencia y reclamársela a tus compañeros de viaje o tu recorrido será más corto que la picha de un playmobil. Vas a oír en algún momento que debes de creer en alguna causa mayor que tú mismo por el bien de todos. Pues entiéndelo bien: preocupándote por el bien de los demás, las cosas que mejorarán serán las de los demás. Si no lo aprendes por las buenas, descuida: algún Dennis Rodman vendrá y te lo enseñará a base de hostias.

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Cori el Grumete

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Trite nos trae esta obra del autor de Barelli.

A finales del siglo XVI, en una época marcada por la supremacía española sobre los mares, el joven Cori participó en una expedición marítima holandesa a la India.

El talento de Bob De Moor estalla en cada página. Su don innato para representar tanto personajes como batallas navales, con una documentación rigurosa, impone este soberbio fresco marítimo como referencia del cómic histórico.

Cori aparece por primera vez en el periódico Tintín en 1951. En 1988, el cuarto álbum de Cori, “L'Expédition Maudite”, ganó el premio al mejor álbum infantil en el Festival Internacional de Cómics de Angoulême.

Idioma: Español.
Editorial: NetCom2
Año: 2013
Guion: Bob de Moor
Dibujo: Bob de Moor
Escaneador: Tinblack (CRG)
Archivos: 5
Formato: CBR.
Tamaño: 685 MB

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