miércoles, 25 de agosto de 2021

Reseña Cómic: Las grandes batallas navales–Tomo 1

Portada

Editorial: Norma
Año: 2017
Guion: Jean-Yves Delitte
Dibujo: Jean-Yves Delitte, Francesco Lo Storto, Q-ha, Federico Nardo, Filippo Cenni, Denis Béchu, Giuseppe Baiguera
Reseña: Kal-El 

Trafalgar, 1805. Napoleón I tiene el proyecto de llevar la guerra al territorio de su eterno enemigo, atrayendo a la Royal Navy inglesa lejos de sus costas para que la Grande Armée pueda cruzar con toda tranquilidad el canal de la Mancha, pero el plan fracasa. Peor aún, la flota franco-española es perseguida por el célebre almirante inglés Horatio Nelson. La confrontación es inevitable, y tras muchas vacilaciones, el vicealmirante Villeneuve se prepara para librar el más terrible de sus combates...

Después de cincuenta y ocho páginas tenemos:

La mitad de la historia gráfica se desarrolla en tierra firme: el ambiente que se tiene en cada uno de los campamentos, tanto ingleses como franceses; los pequeños movimientos que tienen los barcos y las incursiones de los ingleses en las tierras de España buscando información sobre los tranquilos y confiados franceses. Y de manera breve la gran batalla y las consecuencias son mostradas de manera sumaria.

Para no quedarnos con el sabor de pudo haber sido mejor si tuviera más detalles, he decidido apoyar la novela gráfica con una mas detallada: Las grandes batallas de la historia de Canal de Historia.

La historia fuera de la realidad:

«Fecha: 21 de octubre de 1805.

Fuerzas en liza: La armada británica contra las escuadras aliadas de Francia y España.

Personajes protagonistas: Lord Horatio Nelson y el almirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el teniente general del Mar Federico Gravina.

Momentos clave: Las batallas previas en la costa del cabo San Vicente (1797) y de Abukir (1798).

Nuevas tácticas militares: El ataque en cuña de la flota inglesa, dividida en dos columnas paralelas, contra la línea perpendicular formada por las naves francoespañolas y la prioridad en el ataque a los buques almirantes.»

La historia dentro de la realidad:

Cádiz, Andalucía, septiembre de 1805.

Villeneuve se encuentra en puerto (que no es francés) esperando que algo pase para salir de su cómoda posición.

En 1805 Napoleón quería invadir Gran Bretaña y para ello debía dominar el canal de la Mancha. Inglaterra estaba amenazada. Lo único que se interponía entre Napoleón Bonaparte y la invasión de la isla era la potente flota británica que se encontraba anclada cerca de las costas de Cádiz, bloqueando a la escuadra francoespañola. Sediento de territorios nuevos y tras una oleada de conquistas, el emperador francés acababa de unir sus flotas del Mediterráneo y el Atlántico con la marina española. Su objetivo era acabar con la presencia naval británica en el Mediterráneo, lo que le permitiría atacar a Gran Bretaña en un futuro.

Océano Atlántico, septiembre de 1805.

Reunión del almirantazgo inglés abordo del HMS Victory: Nelson, contraalmirante Carnigie, vicealmirante Collingwood y sus respectivos estados mayores. El tema: ¿Sigue Villeneuve en Cadiz? ¿Aun no se han cansado los españoles de apoyar a los franceses? ¿Qué cantidad de navíos hay en el puerto?

La flota de Napoleón, dirigida por el almirante Pierre Villeneuve — bajo cuyo mando, por parte española, estaba el teniente general del Mar Federico Gravina, comandando el navío Príncipe de Asturias—, estaba anclada en el puerto de Cádiz. Había más de treinta buques franceses y españoles preparados para zarpar. Era vital para la seguridad de Inglaterra destruir esa fuerza inmensa antes de que llegara a las aguas del cabo de Trafalgar.

Mientras Nelson y sus hombres esperaban el comienzo del combate, el comandante de la flota combinada, el francés Pierre Villeneuve, tenía sus dudas y temores, tal y como dejó reflejado en sus escritos previos: «Lamentaré el encuentro con los buques británicos. Nuestra táctica naval está anticuada. Lo único que sabemos es ponernos en posición y eso es justo lo que el enemigo quiere». «Sabía que Nelson era el adversario más peligroso y aterrador del mundo»,

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«Los ingleses tenían una excelente formación porque siempre estaban navegando. El resultado de este entrenamiento constante fue, sobre todo, su enorme práctica de artillería, lo cual les permitía disparar sus armas de fuego dos veces más rápido que los franceses o españoles. Los marineros españoles, cuando disparaban desde el costado, solían agazaparse en la cubierta para ponerse a salvo de los cañonazos del enemigo. Los marineros británicos no hacían eso, seguían disparando pasara lo que pasase», indica Brian Lavery.

A bordo del Victory, se reunió con sus capitanes para explicarles la estrategia para derrotar a la escuadra de Villeneuve. Llamó a su nuevo plan «el toque Nelson». Era algo nuevo, singular y sencillo. «Todos, desde los almirantes a los suboficiales, estuvieron de acuerdo en que serviría y lo aprobaron», cuenta el propio Nelson.

«En aquella época se solía luchar de una manera muy formal. Nelson decidió concentrarse sólo en una parte de la línea enemiga en lugar de la totalidad de la flota. Ordenó que algunos barcos atacaran al enemigo por la retaguardia y luego avanzaran. Mientras tanto él, con otra división, se lanzaría contra el centro de la escuadra separándola de la parte de la flota que estaba siendo atacada». Es decir, los buques formarían en dos columnas, con Nelson al mando de una y la otra dirigida por el almirante Collingwood. La primera atacaría perpendicularmente hacia el centro de la línea enemiga, siguiendo la formación en fila, que era la habitual en el combate naval. La segunda, próxima a la anterior, atacaría a la parte posterior de la misma línea. Nelson, además, daba plena libertad de acción a cada capitán, una vez comenzada la batalla.

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El audaz de plan de Nelson tenía un grave riesgo. Los barcos que encabezaban las dos columnas británicas — los buques que debían romper la línea de batalla francoespañola — quedarían expuestos al fuego enemigo durante casi media hora. Una de esas naves seria el Victory, el buque de Nelson. «Él confiaba en su liderazgo. El hecho de que él estuviera en primera línea haría que sus hombres atacaran con agresividad y valentía», indica Brian Lavery. Sus hombres estaban dispuestos a seguir a su comandante hasta las puertas del infierno si fuera necesario.

* Mientras tanto, Villeneuve dudaba sobre qué hacer y, al final, decidió salir de Cádiz, donde estaba refugiada — y a salvo — la flota, en contra de los consejos de los almirantes españoles, que eran conscientes del peligro que suponía Nelson. Villeneuve tenía noticias de que iba a ser sustituido por el almirante Rosily al frente de la flota por un Napoleón harto de su inactividad. El temor de haber caído en desgracia ante los ojos del emperador le hizo salir del puerto de forma arriesgada y hacerse a la mar el sábado 19 de octubre, contra el consejo de sus expertos, buscando una hazaña que le asegurara en el puesto.

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Al amanecer en el cabo de Trafalgar, de repente la niebla desapareció revelando la presencia de treinta y tres enormes buques aliados en línea frente a los veintisiete navíos ingleses. La nota francoespañola estaba a la vista. El retumbe de los tambores llamó a los hombres a sus puestos. Paseando por la cubierta, Nelson inspeccionó su barco, dando palabras de aliento a sus hombres.

«Una vez finalizados los preparativos, Nelson volvió a su camarote. Allí se arrodilló y escribió lo que pienso que es una de las mejores oraciones jamás escrita por un soldado», opina Colin White: «Que el gran Dios en quien confío conceda a mi país, para el beneficio de toda Europa, una gran y gloriosa victoria. Que ninguna mala conducta la ensombrezca y que tras ella sea la humanidad la característica predominante en la flota británica», escribió.

Diez minutos antes del mediodía, los cañones franceses comenzaron a escupir fuego para fijar la distancia de alcance. Sin embargo, la manera de presentar batalla planteada por el francés no fue la más apropiada. En un día de vientos flojos, la flota combinada navegaba a sotavento, lo que también daba la ventaja a los ingleses, que avanzaban a favor del viento, logrando así mayor velocidad. Además, el almirante francés desplegó toda la flota en una sola línea. Nelson, aprovechando inteligentemente la dudosa maniobra de Villeneuve, agrupó la suya formando dos flechas certeras que romperían la línea de los aliados. Cada barco aliado se vería así atacado y obligado a combatir con dos o tres barcos ingleses y, lo que es peor, estaría cortado de todos los demás. Según los planes de Nelson, el Victory navegó hacia el corazón de la línea enemiga, hacia el buque insignia de Villeneuve, el Bucentaure.

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Cuando la batalla alcanzaba su momento trascendental, el Victory dirigió la carga pasando justo al lado del Bucentaure. En ese momento, el barco inglés empezó a disparar contra el del enemigo destrozándolo de proa a popa y convirtiendo al buque insignia de la flota aliada en un matadero. Villeneuve sobrevivió pero ya sabía que todo estaba perdido.

El Redoutable había conseguido diecinueve muertos y veintidós heridos en su particular confrontación. La situación desesperada del Victory cambió con la ayuda del navío Temeraire de noventa y ocho cañones que había conseguido llegar a estribor del barco francés. La artillería de la flota británica comenzó a disparar sin cesar. Sobre el agua flotaban los cadáveres de los marineros. El Redoutable finalmente se rindió al Victory con 487 muertos y 81 heridos de un total de 643 tripulantes.

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La falta de pericia de las tripulaciones aliadas fue suplida por un valor que sorprendió a los británicos, que se encontraron en algunos casos con una resistencia feroz. Sólo hubo cuatro navíos, al mando del francés Dumanoir, que huyeron al ver que la batalla estaba perdida, prácticamente sin luchar. El resto de los navíos de la flota francoespañola combatió heroicamente hasta el final.

A las 13.15, en el punto culminante de la batalla, Nelson aún permanecía en el alcázar observando tranquilamente todo lo que acontecía. El Victory y el Redoutable se enzarzaron en una lucha cuerpo a cuerpo. Tan próximos estaban el uno del otro que sus vergas quedaron enredadas. En lo alto de uno de los mástiles del barco francés, un francotirador observó a Nelson a muy corta distancia. Apuntó y disparó. La bala encontró su objetivo y Nelson cayó gravemente herido sobre la cubierta. «La bala le dio en el hombro izquierdo, atravesó uno de sus pulmones rompiéndole la espina dorsal y quedó alojada en su espalda, justo debajo del hombro derecho. El capitán del Victory se apresuró a acercarse y le oyó decir: “Por fin han acabado conmigo, Hardy”». Mientras Nelson agonizaba en la bodega desangrándose en manos del cirujano Beatty, la batalla continuaba.

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El Bucentaure fue atacado por el Victory, el Temeraire y el Neptune y, más tarde, por el Leviathan y el Conqueror, sin que un solo buque francés acudiera a su auxilio. Lo mismo ocurrió con el Santísima Trinidad, el cual había sido rodeado por hasta cinco navíos británicos que en un principio creyeron que era el insignia de la flota. Los barcos de la escuadra francoespañola comenzaron a hundirse lentamente.

A última hora de la tarde, el Príncipe de Asturias enarboló la señal de retirada. Después, el comandante en jefe de la flota combinada, el almirante Pierre Villeneuve, arrió la bandera de su buque insignia. La tripulación del Victory empezó a celebrar el triunfo desde cubierta. El capitán bajó a informar del triunfo a su almirante. «¿Cómo nos ha ido el día?», preguntó Nelson a Hardy.

La escena de lo que aconteció nos la narra Colin White: «Habían hundido ya quince o dieciséis buques y Hardy bajó a comunicárselo a Nelson, que ya estaba muy débil, y llegó el famoso momento de la despedida. Cuando Hardy estaba a punto de salir de la bodega, Nelson dijo: “Bésame, Hardy”, y el capitán le besó en la frente. Miró hacia la cama pensando que probablemente seria la última vez que vería con vida a Nelson y, de nuevo, le besó en la mejilla. Nelson semiinconsciente le dijo: “Dios te bendiga, Hardy”». Sus últimas palabras fueron: «Recordad que dejo a la señora Hamilton y a Horatia, mi hija, como un legado a mi país. Nunca olvidéis a Horatia. Doy gracias a Dios por permitirme acabar mi vida cumpliendo con mi deber». Su voz se fue apagando y después de un débil estremecimiento expiró sin un gemido.

Seis mil hombres resultaron muertos o heridos en la batalla. Los franceses sufrieron la mayor parte de las bajas aliadas con 2218 muertos y 1155 heridos, mientras que los ingleses sólo tuvieron que lamentar cuatrocientas bajas. Los españoles tuvieron 1022 muertos y 1383 heridos. La mitad de los muertos españoles correspondieron a las tripulaciones de sólo tres navíos: el Santísima Trinidad con cerca de trescientos, el San Juan Nepomuceno con unos doscientos y el Santa Ana con casi cien muertos.

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La batalla no sólo supuso la desaparición de tantos marinos y de Nelson. No están muy claras las causas de la muerte de Villeneuve, pero oficialmente se suicidó al poco tiempo por no poder soportar el peso de la derrota.

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Las ultimas ocho paginas nos invitan a hacer un recorrido por el interior de un barco tipo, como estaban organizados los cañones, la cantidad de gente que vivía dentro del barco y su distribución. Lo mejor de todo es un plano a todo color y en tamaño extra grande del plan de batalla.

Luces estrobo en mi cabeza.

Libro Lupin contra Herlock Sholmes (Leblanc, 1908). Solicitada la ayuda del incorruptible detective y enterado el elegante ladrón de su visita, la batalla de Trafagar es mencionada como un bien merecido desquite por la derrota sufrida por parte de los franceses.

¿Qué esperas para empezar a leerlo? No te puedes perder el dibujo detallado de las batallas, dentro y fuera de las naves y las vistas de la ciudad, sumado al entintado hace que la emoción sea mayor.

El libro complementario: Las grandes batallas de la historia (The History Channel Iberia, 2009). (Leer online)

Reseña previamente publicada en El color que vino del espacio

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Los silencios de David

Trite nos trae esta obra de la autora Judith Vanistendael (Las dos vidas de Penélope, Sofía y el Negro, Salto).

¿Qué pasa si un autor hace de la enfermedad una forma de delicadeza?

Entre la tráquea y la garganta se encuentra la laringe, que también se conoce como caja de sonido. Pero David descubrirá pronto que es más fácil dibujar ese órgano que pronunciar la palabra tumor.

El mismo día que le diagnostiquen cáncer, nacerá su nieta Louise. Esta historia nos enseña cómo a la enfermedad le sucede la alegría de la vida, cómo al silenciamiento del sonido le sigue la música de las imágenes.

Con esta obra de una extrema sensibilidad, Judith Vanistendael se consolida internacionalmente como una autora a tener muy en cuenta.

Idioma: Español.
Editorial: Norma
Año: 2014
Guion: Judit Vanistendael
Dibujo: Judit Vanistendael
Escaneadores: capdiajo y tiranoyo (CRG)
Archivos: 1
Formato: CBR.
Tamaño: 125 MB

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