domingo, 9 de mayo de 2021

Especial: Fetiches populares en el manga y el hentai

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Un paseo por las excentricidades de una cultura milenaria de la mano de Hugo C.

Hola gente, ¿cómo están? Hace unas horas me han aplicado la primera dosis de la vacuna rusa contra el COVID-19, así que con un poco de suerte ya se me habrán pasado los efectos secundarios. (Miren con cuidado la esquina superior derecha de la página, si hay una bandita negra quiere decir que éste es un artículo póstumo.) En fin, resulta que éste es mi centésimo posteo en HTAL (contando reseñas, aportes y especiales) y decidí hacer algo especial y memorable. Aclaremos que "memorable" no significa necesariamente "bueno". Y antes de proseguir, vamos con la obligada mención al blog de Betina. Listo, mencionado.

Así que hoy voy a llevarlos de paseo por la tierra del sol naciente, con una brevísima enumeración de algunos de los fetiches que podemos encontrar en el manga y –muy especialmente– en el hentai, que es una variedad de manga más erótica. Seguramente muchos de los otakus que frecuentan el blog sabrán mucho más del tema que yo –pillines–, pero lo que pretendo compartir hoy es algo muy básico, un servicio a la comunidad, divulgación, como los viejos episodios de El mundo de Jacques Cousteau o el tipo ése que recorre el mundo atiborrándose con platos incomibles para la National Geographic.

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Al igual que en otros géneros del manga, el hentai nos ofrece un abanico de temáticas y estilos. Sus argumentos pueden ir desde la historia más tontuela y vanilla de la noche de bodas de un par de tortolitos hasta las más salvajes y bestiales orgías de mutilación y canibalismo. En lo personal, prefiero aquellas historias que se toman a sí mismas con un poco de humor. En todos los casos suele haber al menos dos o tres fetiches involucrados.

No es que los fetiches sean algo exclusivo de los orientales: Saudelli tiene su obsesión por los pies, Altuna por las pecosas jetonas y Manara por las mujeres sin nariz, pero hoy nos vamos a limitar a lo que podemos encontrar en el manga y en el hentai. Por lo general uno no encuentra un único fetiche sino una combinación de varios. Además, así como hay multitud de géneros en el manga, el hentai los tiene más o menos violentos, más humorísticos, y por supuesto, las versiones "alternativas" de tu manga favorito, muchas de ellas dibujadas por mangakas reconocidos. Sí, las hay incluso de Pokémon.

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En estas versiones alternativas, los personajes suelen comportarse de manera muy distinta de la habitual. En caso de tratarse de guerreras o superheroínas, por ejemplo, siempre pierden sus poderes o se olvidan de su entrenamiento, de modo tal que incluso un patético nerd de 14 años que nunca ha pisado un gimnasio puede vencerlas sin dificultad. Por lo general son incapacitadas con alguna droga o artilugio pseudocientífico, o chantajeadas, o traicionadas por alguno de los personajes secundarios de la serie. (Tampoco es que nos vayamos a demorar demasiado en explicaciones. Por lo general, en el caso del hentai, tendremos una o –con muchísima suerte– dos páginas de exposición y luego, al tajo durante las próximas 20.)

Hablo mucho de hentai porque es por lejos el género en el cual son más abundantes, pero sí, estos mismos fetiches (atenuados, sugeridos, implícitos o parodiados) pueden verse en el manga más común y apto para todo público –y por supuesto, en el ecchi, que no es tan inocente–, sólo que terminan desembocando en hemorragias nasales diversas y no en una orgía desenfrenada.

Pequeño diccionario incompleto de fetiches japoneses del manga y hentai:

Ahegao. La cara que le queda a la chica (o chico, o chique) luego de un polvo excepcionalmente bueno. Cara de estúpida, o de drogada, debida al exceso de placer sexual. Por lo común, el personaje termina con los ojos cruzados o en blanco, la lengua colgando hacia afuera y con pérdida parcial de la conciencia.
Anteojos. En la semiología taquigráfica del cómic, los anteojos suelen denotar al nerd, al geek, al perdedor que está fuera de las cuarenta del mazo. En Japón, por otra parte, las chicas con anteojitos son uno de los fetiches más populares. ¡Increíble!
Bukkake. Del verbo bukkakeru, que significa arrojar líquido en la cara de alguien. O sea, eyacular en la cara de una chica. Esto no es exclusivo del hentai, pero no hay hentai en que no suceda.
Cambio de sexo. El tío pasa a ser tía, o la tía se convierte en tío, mediante la ingesta de una poción o alguna patraña pseudocientífica. No siempre es algo permanente, puede ser por un ratito, lo justo y necesario para llenar 20 páginas de cómic.
Canibalismo. En estas historias, el postre luego de una sesión maratónica de sexo con la persona amada es… la persona amada. Claro, acá no se trata sólo de comerse a alguien, sino de comerse a alguien después de. Supongo que a esta gente nunca le han dicho que no hay que jugar con la comida.
Chicas monstruo. El protagonista se enreda con alguna chica que no es completamente humana. Tiene una cara bonita y buenas tetas, pero puede tener tentáculos en vez de piernas, ser un centauro hembra o una sirenita. También se aplica a súcubos, demonios y extraterrestres en tanto tengan algún parecido con una chica. Ojo, este fetiche no es bestialismo, que sería más bien fantasear con tu tortuga o tu perro chihuahua.
Chikan. Acoso y/o manoseo de mujeres en lugares públicos, por ejemplo, el tren, algo que es un problema real en Japón. En el hentai, el chikan suele terminar en violación.
Control mental. El protagonista consigue el poder de influir sobre las mentes ajenas, a veces por disciplina y estudio, a veces por la intervención de algún ente sobrenatural o con algún amuleto mágico. Adivinen qué es lo primero que se le ocurre hacer.
Cosplay. No se trata tanto de tener sexo con una chica disfrazada de Pikachu, como de acostarse con, por ejemplo, un ama de casa vestida con un viejo uniforme de colegiala.
Delantal de cocina. Ojo, no basta con ver un viejo video de Doña Petrona: el delantal debe estar sobre el cuerpo desnudo de la señorita en cuestión.
Desnacimiento. Como cuando uno nace, pero al revés. O sea que lo que habitualmente sale esta vez vuelve a entrar. Sí, sí, exactamente como lo están imaginando.
Futanari. Señoritas con manija. Ya sé lo que están pensando: "¡si es un tipo con tetas!" No necesariamente, amigos. En muchas de estas historias se las ingenian para dotar a las mujeres con un sucedáneo de pene mediante la magia o la tecnología.
Guro. Del inglés gore, en este caso, tortura, mutilación y demás morbos. Muy extremo, no es para cualquiera, pero tiene abundancia de seguidores.
Harem. ¿Triángulo amoroso? ¿Por qué no un octógono? Los que gustan de este fetiche no se conforman con la monogamia.
Hipnosis. Similar al control mental, pero suele involucrar una técnica que se transmite de generación a generación, o bien la adquisición de un móvil (celular) con una aplicación que garantiza poderes sobre quien mire la pantalla durante un par de segundos.
Incesto. Sexo entre integrantes de la misma familia. En las versiones más populares, con la hermana, o con la madre, o con una tía que viene de visita, etcétera.
Inmovilidad. Aquí el o la protagonista tiene sexo con alguien que no puede responder a sus embates amorosos. Dependiendo del caso, puede involucrar somníferos, detención del tiempo, necrofilia o incluso petrificación.
Líneas de bronceado. La chica se broncea con la bikini puesta, y cuando se la saca para fornicar nos muestra las marcas que han quedado donde su cuerpo no ha tomado sol. Por lo general este fetiche se asocia con personajes atléticos o aventuras en la playa.
Lolicon. Pendejas, nenas prepubescentes. El término loli viene de la novela Lolita, de Nabokov. Un nombre simpático para la pedofilia, que no es tan simpática.
Mucamas. Ojo, no cualquier mucama, sino chiquilinas vestidas con un uniforme de mucama francesa. Esto ya excede los límites del manga o el hentai: en la ciudad de Tokio podemos encontrar muchos cafés con camareras vestidas de esta manera. En cuanto al hentai, si la protagonista se viste así, fija que la historia contiene, o termina con, sadomaso.
Nekomimi. O sea, orejas de gato. A muchos japoneses les gustan los gatos y las tetas, así que, ¿qué mejor que combinar ambas cosas?
NTR (netorare). Seducción de la pareja de otro personaje y posterior refriegue del hecho ante la cara de la víctima, ya sea en persona o a través de una grabación en video o similar. "Te quité a tu amorcito y ahora te muestro cómo le doy para que tenga, guarde y reparta."
Omorashi. Pichín, mearse encima como un viejo con la próstata a la miseria. En la cultura occidental este fetiche se llama urolagnia.
Oppai. O sea, tetas. En cualquier animé que se respete no puede faltar una tetona. Y por supuesto, cuanto más grandes las tetas, mayor la posibilidad de que el personaje tenga un "accidente" y se le escape una (o ambas).
Paizuri. Algo que gusta no sólo en Japón: una cubana, o sea, una pajilla con las tetas, como diría Torrente. Se inserta el pene entre las tetas de la chica y se procede según el manual de instrucciones.
Peluditas (1). Señoritas que prescinden de la depilación. Piernas peludas, sobacos peludos y, por supuesto, cachucha peluda.
Peluditas (2). Señoritas con mucho pelo, pero no sólo en las piernas o axilas sino en todo el cuerpito, como si fueran una cruza entre Pamela Anderson y el Oso Yogi.
Pettanko. Parafraseando: casi sin tetas. Una chica con muy, muy poca estantería. Un fetiche popular en Japón y más bien incomprensible para aquellos a los que nos gustan las tetas en abundancia. Ojo, pettanko y loli no son lo mismo, la loli es tan sólo demasiado joven para tener tetas, la pettanko ya maduró pero no le han crecido.
Robots. A los japoneses les gustan los robots, aunque los que habitan las páginas del manga y/o del hentai suelen tener un aspecto que a primera vista no se diferencia del de un humano, y una inteligencia y afectividad que es su igual, si no mayor.
Shibari. O sea, bondage. Ver a alguien atado como un matambre puede repugnar o gustar. En el caso de los ponjas a los que les va el sadomaso, es lo último.
Shimapan. Bombachas a rayas. Por lo común, azules y blancas.
Shotacon. Lo mismo que loli, pero con nenitos. O no tanto, especialmente en las historias en las que los nenitos se trincan a la maestra, o la tía, o la hermana mayor.
Trajes de baño escolares. Color azul, con una etiqueta con el nombre de quien lo viste.
Travestismo. El o la protagonista viste ropa propia del género opuesto, y por lo general tiene que mantenerlo en secreto por diversos motivos.
Tentáculos. ¿Triple penetración? Con la violación tentacular es posible entrarle a todos y cada uno de los orificios de la víctima. Si no se trata de un animé del estilo hentai o ecchi, los tentáculos servirán sólo para atar a la chica o en todo caso manosearla un poco. Los tentáculos no tienen que ser necesariamente de pulpo o calamar, basta con que sean lo suficientemente largos y pringosos.
Time stop. El personaje protagonista gana la facultad de detener el tiempo a voluntad y aprovecha para tener sexo (?) con quien quiere, ya que nadie puede moverse sino él (o ella). Huelga decir que este fetiche o fantasía viola todas y cada una de las leyes de la física, pero bueno, nadie se excita con la Encyclopaedia Britannica.
Tsundere. Dícese de los personajes que la mayor parte del tiempo se comportan con agresividad y/o desdén hacia el protagonista, para después abrumarlo con atenciones.
Wakamezake. Traducción: sake de algas. La mujer cierra sus piernas lo suficientemente ajustadas como para que se forme un triángulo entre los muslos. Se vierte sake en el triángulo y su compañero lo bebe de ahí. Los pelos del pubis se asemejan a las algas, o al menos así lo parecen luego de un par de tragos.
Yandere. Enfermitos/as que son capaces de matar a cualquiera por amor, ya se trate de rivales o del mismísimo objeto de su afecto.
Yaoi. Amor entre dos hombres. Ojo, no se trata de hombres recios y/o con bigotes en forma de manubrio de bicicleta, sino más bien todo lo contrario. Suele tratarse de tipos lánguidos y lampiños, delicaditos, digamos. Por lo común, quien escribe y lee este género son mujeres.
Yuri. Amor entre dos mujeres. Acá no hay una tipología tan marcada como en el caso del yaoi. Dos vaginas se saludan y no importa si son flacas, gordas, peludas o lampiñas. Por lo común, quien escribe y quien lee este género son hombres.
Zettai ryouiki. El área comprendida entre las medias y la pollera. Mayormente, los muslos desnudos.

Y hay más, y seguramente mi selección se ha dejado afuera mil cosas, pero ya hemos llegado al final del camino en éste mi centésimo posteo. Confío en que haya resultado de su agrado. Vuelvo a hacer hincapié en que me he limitado a algunos de los fetiches más populares entre los otakus japoneses. Hay muchos más, por supuesto, pero son más universales y en todo caso quedarán para mejor ocasión. Un saludo a todos y gracias por leer y comentar mis cositas durante estos primeros cien posteos.

До свидания.

La prórroga

Una obra Franco-Belga del autor Jean Pierre Gibrat que nos trae Trite.

Muerto. Tranquilo. Sosegado. Detrás de los postigos de su buhardilla, Julién, burlón, asiste a su propio entierro. Pero ¿Qué hacer cuando ésta uno obligado a esconderse? Esperar a la noche para salir a tomar el fresco, a resguardo de miradas ajenas, o bien escuchar las conversaciones del café Los Tilos.

Y contemplar a Cécile. Cécile, el amor de Julién, que sirve en la terraza del café. Cécile, a quien no puede hablar. Cécile, a quien no puede tocar. ¿Tranquilo?, ¿Sosegado?, nada de eso, solo es una apariencia y el placer de vivir, una ilusión.

La milicia del Mariscal Pétain, recién creada, cuenta con un miembro en el pueblo y las columnas de blindados alemanes no tardarán en hacer acto de aparición...

Idioma: Español.
Editorial: Norma
Año: 1998-2000
Guion: Jean Pierre Gibrat
Dibujo: Jean Pierre Gibrat
Escaneador: Luzroja (CRG)
Archivos: 2
Formato: CBR.
Tamaño: 45 MB

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