sábado, 9 de enero de 2021

Reseña Cómic: Invincible

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Editorial: Image
Años: 2003 – 2018
Guion: Robert Kirkman
Dibujo: Cory Walker, Ryan Ottley
Reseña: Axel Vera
Corrección: Sr. Trivias

Debo confesar que este cómic entró en mi lista de futuras lecturas, desde antes que finalizara la serie. Por distintas razones, fui aplazando su lectura hasta el 2020, pero tras ver que Amazon Prime estrenará una adaptación animada, tome la decisión de leerlo.

Para quienes a estas alturas no sepan de que trata esto, les cuento rápidamente. Mark Grayson es un estudiante de preparatoria, bastante común y corriente, salvo por el pequeño detalle que es hijo de Omni-Man, el superhéroe más poderoso del mundo. Como a todos, a Mark también, le llega la adolescencia, pero mientras que a ti o a mí nos dio acné, el hijo de Omni-Man adquiere superpoderes. A partir de entonces se convertirá en el superhéroe Invincible.

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Lo que pasa después es... aburrido. Los primeros números son una prolongada presentación de personajes. Ningún villano de la primera parte se siente como una amenaza real, ni tampoco hay un conflicto o subtrama realmente interesante. Es hasta el final del número nueve que el autor introduce la que será una de las líneas argumentales principales de la serie. Y es durante la siguiente decena de números que se plantea el resto de las subtramas que se desarrollarán durante el resto de la colección.

Es hasta después del número veinte que el cómic de verdad empieza a despegar. Honestamente, no sé como aguante tantísimo tiempo sin que sucediera algo interesante, pero lo agradezco, ya que la calidad media de las siguientes entregas es muy alta.

La primer virtud del cómic es que, a diferencia de lo que ocurre en Marvel y DC, aquí no hay un mandato editorial de ilusión de cambio. Por el contrario, el statu quo es modificado cada cierto tiempo. A veces recurriendo a golpes de efecto, pero la mayor parte del tiempo son cambios orgánicos, producto de la propia lógica de la historia y de las decisiones que los personajes van tomando.

Otro punto fuerte de la historia son los dilemas morales que se presentan a lo largo de la obra. Desde esa pregunta que todos nos hemos hecho : ¿ No sería mejor si el héroe matara al villano para evitar más muertes?, así como cuestiones tales como si es justificable o no sacrificar a cientos para salvar a miles; dejar impunes a quienes obraron mal, porque están dispuestos a reformarse y hacer el bien o si es lícito pactar con criminales para evitar más sufrimiento.

En la misma línea de lo anterior, no es raro que los héroes sean capaces de actos atroces. Ni tampoco que los villanos tengan motivaciones comprensibles. Todo esto, sin que unos dejen de ser buenos ni los otros malos. Aunque hay personajes que pasan de un bando a otro, casi siempre como producto de una evolución lógica.

Todo lo anterior, se encuentra contenido en una historia atrapante en las que no escasean las escenas de acción con altas dosis de violencia.

Tampoco falta el humor, especialmente son encantadoras las burlas a la industria del cómic estadounidense. Los autores no pierden la oportunidad de burlarse de las dos grandes casas editoriales, y de vez en cuando, también de ellos mismos.

Finalmente, toca señalar los defectos. Ya mencioné lo mucho que tarda la historia en despegar, debido a la falta de situaciones interesantes. Pues bien, tan intrascendentes resultan que algunos personajes introducidos en esta etapa pasan a un muy segundo plano hasta desaparecer hacia el final.

Otro punto débil es la tendencia del autor de llevar a sus personajes a situaciones al límite, auténticos callejones sin salida que logran superarse gracias a unos convenientes deus ex machina. Amén de que ciertos conflictos se resuelven, en mi opinión, de manera anticlimática (y no solo por los mencionados deus ex machina).

También, mencioné los golpes de efecto. Como dije, no son muchos, pero hay uno, especialmente molesto en el último tramo de la historia.

En cuanto al apartado gráfico, la serie cuenta con dos dibujantes: Cory Walker y Ryan Ottley. Aunque Walker sea el cocreador de la serie es Ottley, quién se encarga de la mayor parte de los números. Hablemos primero de él.

El estilo de Ottley es el estándar del cómic superheroico: respeto por las proporciones y la anatomía, pero sin llegar a ser demasiado realista. No sobrecarga sus dibujos con líneas o detalles innecesarios. Además, de dibujar bien las expresiones faciales. En todo momento sabes lo que los personajes están sintiendo con solo observar sus rostros.

Pero, donde realmente destaca Ottley es en las escenas de acción. Las batallas son sencillamente espectaculares. Su capacidad para hacer del gore algo visualmente atractivo es una de las marcas de la obra. Además, aprovecha las dobles páginas para regalarnos composiciones de página originales.

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El único defecto que le encuentro a Ottley es que a veces recurre a la fotocopia para las escenas de conversaciones. Ya saben, la pausa dramática tan abundante en los cómics actuales.

En cuanto a Walker, la verdad es que carece de la espectacularidad de su compañero. Pese a ello, cumple bien con su labor y su estilo es bastante parecido al de Ottley, salvo a la hora de dibujar rostros, que es lo que más se nota cuando hay un cambio de dibujante. Walker lo hace regular tirando a mal. Lo que hay que reconocerle son sus diseños de personajes. Los trajes de superhéroes son geniales, especialmente el del protagonista.

También, me gustaría hablar de los coloristas. Esos olvidados del mundo del cómic que, sin embargo, tienen una labor muy importante. Que la serie logre mantener cierta consistencia gráfica, pese a los cambios de dibujantes, se lo debemos en parte a ellos. Amén que los colores vívidos son una de las señales de identidad de la obra.

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