martes, 26 de enero de 2021

Reseña Cómic: A Mad Look at Old Movies

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Editorial: Signet
Año: 1966
Guion: Dick DeBartolo
Dibujo: Jack Davis, Mort Drucker
Grado: A-
Reseña: Hugo C

Como todos sabrán, Mad Magazine dejó de publicar material original en 2019 y ahora se dedica a republicar su archivo. Sin embargo, hubo un tiempo en que la revista sacaba material original ocho veces al año. La grilla anual se completaba con cuatro especiales, uno por cada estación, compuestos casi en su totalidad por una mezcla de material publicado durante los últimos cuatro años. Asimismo publicaban libros de bolsillo, la mitad de los cuales contenía material ya publicado en la revista y adaptado a ese formato, mientras que la otra mitad consistía en material totalmente inédito.

Hoy les traigo la reseña de uno de esos libros con material nuevo –o que al menos lo era hace más de 50 años. Se trata de A Mad Look at Old Movies (1966), un volumen dedicado a parodias de viejas películas.

No se trata del tipo de parodias –o "sátiras"– que la revista solía ofrecer en sus números regulares. Aquellas eran específicas, y consistían en una versión de una película o serie de TV determinada, contando el argumento base –con las desviaciones propias de la parodia– y buscando el parecido con los actores de la película a parodiar.

En el caso de este libro, no se parodia a una película en particular, sino más bien a los lugares comunes de diversos géneros: las películas de Tarzán, las de Shirley Temple, las de detectives de la serie negra y los musicales. Debido al pequeño formato del libro, cada página tiene sólo entre una y tres viñetas.

La primera historia está dibujada por Mort Drucker y es una aventura de Tarzán. Lo primero que llama la atención es que Drucker dibuja a Tarzán con el rostro de Marlon Brando. Si bien Drucker no tiene problemas en dibujar humorístico, su fuerte ha sido siempre la caricatura, por lo que se entiende el que haya optado por una como protagonista, a pesar de que, en rigor, es innecesaria y bien podría haber dibujado un muñeco más genérico. El resto de los personajes lo son, excepto uno de ellos que es una trasposición de Smilin' Jack, uno de los personajes favoritos de Drucker.

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Luego toma la posta Jack Davis con una historia en la que una tierna niña quiere que su caballo gane en el hipódromo. La parodia pasa ahora por las películas de Shirley Temple de los años 40. Davis está en su salsa, aplicando su estilo humorístico a niños, hombres y bestias por igual. A diferencia de Drucker, Davis en ningún momento busca el parecido con actor o actriz alguna, con el único interés puesto en la expresividad de los personajes.

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La tercera historia, también dibujada por Davis, es una parodia de los relatos del Hombre Delgado –el detective creado por Dashiell Hammett– en la que una clienta le encarga que investigue el homicidio de su jefe. Los personajes son sacados del surtido habitual que maneja Davis quien, al igual que en el resto de sus historias en este libro, resuelve en base al uso de la aguada y de las tramas mecánicas.

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Cierra el libro una historia de Davis acerca de una florista que sueña con debutar en una comedia musical. El estilo y los recursos con que resuelve los dibujos de esta historia son los que emplea en las anteriores, siempre subordinados al guión de DeBartolo. En ninguna de sus historias Davis deslumbra, pero cumple sin mostrar nunca flancos débiles.

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De modo que, gráficamente, el libro consta de un 25 por ciento de Drucker y un 75 por ciento de Davis. Uno es el gancho, el otro es el relleno. Digo esto sin desmerecer los méritos del dibujo de Davis, que es excelente, pero hay que tener en cuenta que Drucker, debido principalmente a su manejo de las parodias que se publicaban en la revista principal, estaba en la cresta de la ola y era en aquel momento el centro de atención indisputable.

El guión de Dick DeBartolo tiene la eficacia habitual para mezclar adecuadamente situaciones absurdas y diálogos imposibles, aunque en este caso el libreto suena a vodevil –como si fuera el de una película de los Hermanos Marx– y los diálogos bien podrían haber sido tomados de un programa radial.

Cierro la reseña con un ejemplo: en la historia del Hombre Delgado, vemos cómo muere el Dr. Clinton. El asesino le dispara, luego lo apuñala, lo obliga a ingerir un frasco de pastillas, le ata una cortina alrededor del cuello y lo arroja por la ventana. Más tarde, la enfermera habla con el policía a cargo:
- ¿Cómo murió el doctor?
- Un accidente típico. Estaba lustrando un arma de su colección, que estaba cargada sin que él lo supiera, y apretó el gatillo por error. La bala penetró en su cráneo causando un severo dolor de cabeza, que intentó aliviar ingiriendo un frasco de pastillas para dormir. Cuando esto no funcionó, fue a la ventana para pedir ayuda. La ventana estaba atascada, así que intentó abrirla con una navaja. Se abrió de golpe, haciéndole perder el equilibrio. Trató de evitar la caída atándose la cortina alrededor del cuello pero ésta cedió, así que cayó a la calle, apuñalándose en la espalda con la navaja que tenía en la mano. Vemos esta clase de accidente todos los días.

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Akira Toriyama. Taller de Manga

Akira Toriyama. Taller de Manga

Hugo C nos trae el escaneo de Materia Oscura de La Mansión del C.R.G.: Taller de Manga del gran Akira Toriyama.

El Taller de manga de Akira Toriyama y Akira Sakuma es un trabajo original. En sentido estricto, no se trata de una historia, sino de una obra de referencia, una clave interesante para entender muchos aspectos relacionados con el manga, que reúne lo que es un libro sobre cómic, un manual para aprender a dibujar, una obra juvenil y además la firma de un autor famoso, cosas bastante diferentes que es difícil encontrar bajo el mismo título.

Este libro gustará a los aficionados que tengan ganas de saber más sobre cómo funciona el manga, y también a aquellos que tengan curiosidad por una obra casi desconocida de Akira Toriyama, y, sobre todo, resultará una referencia insustituible para los que sientan la fiebre del lápiz y quieran aprender a dibujar mangas (o cómics) con la ayuda del mejor maestro.

Publicado originalmente en Fresh Jump entre 1982 y 1984 bajo el título de Hetappi-Manga Kenkyujo.

Idioma: Español.
Editorial: Planeta-DeAgostini
Año: 1996
Guion y Dibujo: Akira Toriyama y Akira Sakuma
Escaneador: Materia Oscura (CRG)
Archivos: 1
Formato: CBR.
Tamaño: 154.99 MB

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lunes, 25 de enero de 2021

Reseña Cómic: Starship Down

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Editorial: Dark Horse
Año: 2020
Guión: Justin Giampaoli
Dibujo: Andrea Mutti
Color: Vladimir Popov
Grado: C
Reseña: Hugo C

Disclaimer: Si bien Starship Down (2020) es una miniserie de 4 números editada por Dark Horse, lo que yo he leído no son las revistitas individuales sino el TPB que recopila los cuatro números más unos pocos bocetitos. No sé si el leer este cómic de un tirón y no en entregas mensuales ha sido un factor que jugó a favor o en contra, pero lo menciono.

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Así que ahora comenzamos por el final, es decir, por mi opinión sobre este cómic. De este modo introducimos un poquitín de variedad y no nos ponemos reiterativos. Starship Down se ha ganado una C no tanto por el dibujo de Andrea Mutti, que no me termina de cerrar del todo (aunque no es deplorable ni mucho menos), ni por la falta de originalidad en la premisa que nos plantea Giampaoli –que de todos modos es relativamente original en medio de tanto zombi y superhéroe–, y ni siquiera por la falta de acción, aunque todos esos factores aunados no me dejan otra que estamparle el sello con la C.

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Vamos por partes.

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Mutti es un buen dibujante, y por cierto que es capaz de cosas mejores que lo que nos presenta en este cómic. Puede que Starship Down haya sido un proyecto de baja prioridad, y por eso no le ha dedicado más esfuerzo. Hay páginas que parecen planteadas a la bartola y dibujos resueltos con prisa como bocetitos de convención, y hay cositas que podrían haberse resuelto al principio, al preparar el borrador inicial, cosas como dos cabezas –de dos personajes distintos, en distintas viñetas y ángulos supuestamente distintos– en exactamente la misma pose, en la misma página. ¿Qué costaba tomarse dos minutos más y alterar la composición de una de las dos viñetas?

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Y no había visto tantas cabecitas negras –es decir, cabezas que son una mancha negra que carece de todo rasgo o valoración– desde Underworld Unleashed (1995). Y no sólo cabecitas sino también siluetas en negro. Está bien, ¿para qué dibujar? Mejor oscurezcamos todo y que el lector lo rellene con su imaginación. Buf. De no ser por los colores de Vladimir Popov, el producto final hubiese sido mucho, mucho peor.

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La premisa del cómic es la misma de Five Million Years to Earth (1967): el hallazgo de una nave espacial que contiene los restos de los verdaderos ancestros de la raza humana. Aún así, el público se renueva y los millennials seguramente desconocen el clásico de Roy Ward Baker, y de todos modos Justin Giampaoli le pone un poco de onda y le agrega una discusión teológica que se traduce en largas conversaciones entre la antropóloga protagonista y un cardenal enviado por el Vaticano para asegurarse de que nada de lo descubierto perjudique el status quo.

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Y esto nos lleva a la falta de acción. No sé si recuerdan que en mi reseña de Greenland (2020) comenté que esa película bien hubiera podido ser una obra de teatro. Bueno, lo mismo sucede con Starship Down. Si bien no se trata sólo de cabecitas parlantes y los personajes al menos caminan de aquí para allá mientras hablan y hablan y hablan –como los médicos de House o los políticos de The West Wing–, quienes busquen algo más que una sucesión de diálogos van a volver con las manos vacías, a excepción de una explosión, un par de puñetazos y tal vez una escena de tortura/interrogatorio que dura sólo una o dos viñetas. Y cada tanto, un personaje comenta con otro lo importante y trascendental que es este descubrimiento, y cómo rompe con lo que hemos conocido hasta ahora y bla, bla, bla, no sea que los lectores vayamos a olvidarlo.

Teniendo en cuenta los talentos involucrados, uno esperaba otra cosa.

Ya que estamos, les comento que Andrea Mutti es un señor con toda la barba. Según he visto en Internet, hay quien aún piensa que se trata de una señorita. Pues no.

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Una obra de la autora Jessica Abel (La Perdida) que nos trae Trite.

Los jóvenes, hombre y mujeres que pueblan estas historias son obcecados, inteligentes, despistados, pragmáticos y perdidamente románticos. Se enfrentan a circunstancias que pueden cambiar sus vidas, a intentos de conectar con otros, a una carrera que puede estar a punto de acabar, a la necesidad de irse de casa o a una amistad en crisis. 

Jessica Abel nos ofrece una visión de primera mano de la juventud neoyorquina de finales de los 90.

Idioma: Español.
Editorial: Astiberri
Año: 2000
Guion: Jessica Abel
Dibujo: Jessica Abel
Escaneador: jbabylon5 (CRG)
Archivos: 1
Formato: CBR.
Tamaño: 112 MB

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domingo, 24 de enero de 2021

Reseña Serie: Lupin, parte 1 (2021)

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Título original: Lupin. Dans l'ombre de Arsène
Año: 2021
País: Francia
Cadena original: Netflix
Dirección: Louis Leterrier, Ludovic Bernard, Marcela Said
Con: Omar Sy, Ludivine Sagnier, Clotilde Hesme, Vincent Londez
Reseña: Hugo C

¡SPOILERS! Quedan advertidos.

Lo primero que pienso tras haber visto esta miniserie es: qué suerte tuvo el protagonista de que el libro que le regaló su padre antes de suicidarse haya sido una novela usada de Maurice Leblanc. ¿Qué hubiera sucedido si le hubiese regalado las memorias de Carlitos Balá? Seguramente se hubiese pasado el resto de su vida diciendo "eapepé" y paseando a un perrito invisible.

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Resumiendo lo que va de la miniserie: un inmigrante senegalés es acusado de un robo y muere en la cárcel. Su hijo lee un libro acerca de un ladrón de ficción que le regaló su padre. El hijo, creyendo que el padre era un ladrón, decide seguir sus pasos y se hace ladrón usando al personaje de ficción como modelo a seguir. Eventualmente, el hijo descubre que el padre después de todo, no era ladrón, pero él continúa siendo ladrón. ¿Moraleja? El mejor amigo, un libro. El mejor libro, un Sopena.

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Tal vez haya quien se confunda y piense que esta miniserie es acerca de Arsène Lupin, el personaje creado por Maurice Leblanc. No, y ni siquiera es sobre un tipo que lee un libro de Arsène Lupín y decide adoptar su modus operandi, aunque sí, es lo que hace Omar Sy a lo largo de estos cinco episodios, con un desparpajo tal que a mis ojos lo convierte en el Idris Elba francés.

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Por otro lado, esta serie también podría haber sido acerca de un señor que vende lupines en Mar del Plata. Pequeño interludio culinario:

El lupín es una especie de poroto de color amarillo, también llamado chocho, altramuz o lupino. Comerlos crudos no es bueno para la salud, pero se los puede preparar de forma fácil y sencilla:

  1. Lavamos los lupines y los dejamos en remojo en abundante agua durante al menos 12 horitas, si es por la noche, mejor.
  2. A la mañana siguiente les cambiamos el agua, agregamos sal y los ponemos a hervir.
  3. Los cocinamos a fuego lento por una hora. Dejamos que se enfríen y los escurrimos.
  4. Dejamos los lupines en salmuera durante un día. (Salmuera: una cucharada de sal gruesa por cada litro de agua.)
  5. Al otro día les cambiamos la salmuera, los dejamos otro día, y así vamos repitiendo la operación durante los siguientes cuatro o cinco días.
  6. Ni bien hayan perdido su sabor amargo, envasamos los lupines en salmuera en un tarrito de vidrio o similar y los conservamos en la heladera hasta el momento de consumirlos.

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Uno se engaña porque el título es "LUPIN", con letras enormes que ocupan media pantalla, y el subtítulo, con letras infinitesimalmente pequeñas, es "a la sombra de Arsène". En realidad esta miniserie nos cuenta la historia de un hijo que busca limpiar el nombre de su padre, quien se quitó la vida en la cárcel, acusado de un crimen que no cometió. La palabra clave aquí es "limpiar". Tal vez sea por eso que las primeras imágenes del primer episodio nos lo muestran como parte del equipo de limpieza que le pasa el plumero a los cachivaches del Museo del Louvre.

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Pero no, esto forma parte de un plan de "Lupín" para robarse un collar que fue de María Antonieta, quien tras su paso por la guillotina seguramente ya no lo necesitó más. Aquí es donde comienza la serie, in medias res, que no tiene nada que ver con las vacas sino que significa que comenzamos con la película ya empezada.

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El collar pasó a manos de la familia Pellegrini hasta que se lo robó el padre de "Lupín". O mejor dicho, hasta que le hicieron la cama al padre de "Lupín" para que cargara con la culpa del robo. De todos modos, ese collar me parece muy genérico, muy de serie de TV. A menos que me muestren la boleta de la casa de empeño firmada por María Antonieta yo no les creo nada.

Lo importante acá es que si uno mira el collar de cerca por algún motivo equis se demuestra que el finado era inocente. Pero esto "Lúpin" no lo sabe sino hasta pasados los primeros 40 minutos del primer episodio, hasta que efectivamente se hace del collar y se lo lleva a un cómplice, que lo mira de cerca y dice: "¡Oh! Por algún motivo equis este collar demuestra que tu padre era inocente".

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"Lupín" queda huérfano a los 14 años y se autoeduca para ser un ladrón mejor que su padre, porque, ojo al piojo, él cree que su padre era un ladrón, y sólo cuando tiene el collar en sus manos es cuando sospecha que las cosas tal vez no han sido como se las han contado. Y de acá en más, a su manera, pasa de ladrón a detective. O mejor dicho, sigue siendo ladrón, pero aplica sus técnicas de ingeniería social para poner en evidencia al verdadero culpable del robo del collar en 1995.

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Pero ojo, en cuanto al robo del collar en 2020, es todo obra suya. "Lupín" es un ladrón de tomo y lomo, un amigo de lo ajeno muy inteligente... que ahora descubre que su padre, que sin saberlo lo inspiró para abrazar esta vida de latrocinio, era un tipo honesto. Qué mala pata, de haberse enterado antes, tal vez hubiese estudiado para operador de PC, graboperfoverificador o incluso tradumaquetador y de paso le hubiese ahorrado disgustos a la policía.

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Y bueno, ésa es la historia. Ya la vimos antes, en infinidad de variaciones, así que nadie se va a desmayar de espanto ante tanta innovación –que no la hay– pero está bien dirigida y mejor actuada. Al único que conozco del reparto es a Omar Sy, y eso porque lo vi en esa película en la que tiene que cuidar a un cuadripléjico y se hacen amigos. Menos mal que el cuadripléjico acá no aparece, porque "Lupín" seguramente le hubiera robado la silla de ruedas.

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Y ahora la parte de atrevido comentario social de esta reseña. Más allá de los detalles, esta miniserie vendría a ser una puesta al día de los relatos de Maurice Leblanc. Donde Arsène Lupin te enviaba un mensaje atando un trozo de papel a una piedra, este "Lupín" te lo envía usando un dron. Pero más importante, le cambia la raza al protagonista, posiblemente en aras de la "diversidad" que hoy está tan de moda. O tal vez siempre fue negro, aunque no creo que ese detalle se le hubiese escapado a Leblanc. La única descripción que dejó Leblanc es que Lupin era capaz de cambiar su apariencia y mezclarse con el ambiente, así que de entrada uno asume que se trata de un hombre blanco y más bien anodino, pero bien pudo haber sido chino, negro, piel roja o incluso albino. ¿Habrá saltado ya algún militante de esos que siempre están a favor o en contra de algo, a quejarse de que lo hayan puesto a Omar Sy a hacer de ladrón? Porque, según de que lado de la cama se levante uno hoy, pueden llegar a ver esta miniserie como un refuerzo del estereotipo racista tan popular entre la gente de bien:
- ¿Ves? Estos senegaleses son todos iguales, les das trabajo y te roban hasta la camisa.
- Nada que ver, el padre era inocente.
- Sí, pero el hijo entró a trabajar en el museo y a los pocos días se había alzado con el collar de María Antonieta.

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Ah, estos simpáticos racistas... Mejor lo hubiesen puesto a Gérard Depardieu. Aunque por otra parte, no creo que se pueda tomar como racismo, ya que lo pintan a "Lupín" como un tipo inteligente. Auspicia el siguiente silogismo La Casa del Sofista:
a. "Lupín" es inteligente.
b. "Lupín" es un ladrón.
c. Lo inteligente es ser ladrón. ¡Apareció la moraleja!

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En fin, cosas que me llamaron la atención:
- Lo fácil que es conseguir trabajo en el Museo del Louvre.
- El corte de pelo (?) del hijo de "Lupín". No desentonaría en la formación de los Harlem Globetrotters de 1972.
- El hecho de que, por más que se disfrace de viejo o de nerd, o se ponga un gorrito, "Lupín" sigue siendo un señor grandote de más de 1.90 m de altura y fácilmente identificable, aunque, por supuesto, lo mismo pasa con Clark Kent y nadie se ha dado cuenta en más de 80 años.

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Hay una segunda tanda de cinco episodios que Netflix emitirá en algún momento, tal vez bajo el eslogan: "Omar Sy, otro no". Posiblemente la vea, aunque más no sea para saber si los malandras le cortan el pelo al niño o qué ha sido de la vida del cuadripléjico. (Incluso puede ser que haya sido él quien se llevó al niño a cortar el pelo.) Lo más probable es que el décimo capítulo termine con "Lupín", ahora interpretado por Gérard Depardieu, despertándose en su cama abrazado a un peluche y diciendo:
- ¡Oh! ¡Todo ha sido un sueño!

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El Orden Impar (L'Ordre impair)

Una obra Franco-Belga que nos trae Trite.

Arras, siglo XIII. Mechtilde, una joven acusada de herejía, muere en la hoguera. El manuscrito "Visio Veritatis", que le valió esta condena, escapó sin embargo de las llamas de los inquisidores. El trágico destino de Mechtilde hoy acecha al de Patrick, autor de exitosas novelas históricas, quien lo convirtió en el tema de su próximo libro.

La misteriosa muerte de su esposa, en posesión de una de las cuatro ediciones con broches de "Visio Veritatis", pone en marcha un formidable mecanismo cuya infernal lógica Patrick intenta traspasar.

En medio de nuevos problemas geopolíticos, la actualidad y el pasado se enredan en un maquiavélico juego de ajedrez que parece avivar las brasas de un odio más fuerte que el orden natural del universo.

Idioma: Español.
Editorial: Lombard
Año: 2004
Guion: Rudi Miel y Cristina Cuadra García
Dibujo: Paul Teng
Tradumaquetador: Alí Kates (CRG)
Archivos: 5
Formato: CBR.
Tamaño: 544 MB

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