jueves, 24 de enero de 2019

Chéri-Bibi

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El guionista Pascal Bertho (Saint Kilda, Siete Piratas) trae junto al dibujante Marc Antoine Boidin esta historia basada en la obra de Gaston Leroux.

Principios del siglo XX. En un barco rumbo a Cayena, los presos están a punto de amotinarse. Al frente del movimiento, el número 3216, un coloso con una fuerza sin igual.

Un hombre atormentado, tan desesperado como inocente de los crímenes que le atribuye la opinión pública. Un hombre bueno que ya no tiene nada que perder y cuyo nombre hace temblar: Cheri-Bibi.
Gaston Leroux se inventa para el periódico “Le Matin”, en un folletín de 120 entregas entre abril y agosto de 1913, al prisionero número 3216, el terrible “Chéri-Bibi”; un “Archihéroe” condenado a ser “Archivillano” por culpa de la fatalidad, diosa recurrente, caprichosa e implacable que sobrevuela toda la obra. En cierto modo personaje y saga, tremebunda, recargada, delirante, venía a ser el reverso de otro personaje creado unos años antes, en 1907, dentro del libro de “Intriga en Habitación Cerrada” publicado por entregas en “L’Illustration” El misterio de la habitación amarilla: El periodista en investigador Joseph Rouletabille.

Si Rouletabille extendió sus apariciones hasta 1922 con “Rouletabille chez les bohémiens” conformándose como la más popular versión francesa de Sherlock Holmes y casi un “Proto-Tintín”, el desdichado Chéri-Bibi lo haría hasta 1926 con “Le Coup d’État” de Chéri-Bibi, naciendo como un émulo de “El Conde de Montecristo”, escribiendo su nombre junto a otros villanos buenos como el Arsenio Lupin de Maurice Leblanc, creado en 1905, y dejando sentir su influjo particular y el de esta escuela en general hasta el “V” de Alan Moore y David Lloyd en “V de Vendetta”, en múltiples aspectos un hijo, politizado y autoconsciente, de la cultura folletinesca de la narrativa popular en Europea, fascinada por el mal y los malvados en contraposición a la norteamericana, que en sus versiones más cínicas desemboca en el “Hard-Boiled” y en las más optimistas y solares en los “Superhéroes”, pero en ninguna de ellas deja de tener a los representantes del lado bueno como objeto central.

En un momento, ya cerca del final, Chéri-Bibi dice que ha hecho que “Amaran a un hombre detestable y que detesten a un hombre honesto”. La tensión, insoportable, de esta dualidad construida engaño sobre engaño, una trampa al ojo constante, de orden vital, desemboca, no podía ser de otra manera, en la tragedia.

Para sobrevivir, Jean Mascart, acusado falsamente de un doble asesinato y luego enviado a un penal que rivaliza con la infame “Isla del Diablo”, tendrá que inventarse a un villano más grande que la vida, una fuerza fantástica cuyo nombre aterroriza por si solo: Chéri-Bibi. Con la ayuda de sus propios enemigos y de la prensa, la cual construye un folletín dentro del folletín que es la obra en su conjunto, Chéri-Bibi se transforma en una leyenda, en el hombre del saco que ha cometido todos los crímenes de Francia. La única manera de regenerarse y conseguir que un amor idealizado se materialice es siendo otro, literalmente siendo otro. En un giro de “Ciencia-Ficción” el asesino más buscado de Francia renace con el rostro del único hombre al cual de verdad desearía matar Chéri-Bibi. Pero ni venciendo a los demonios se puede escapar de “Fatalitas”.

Lo terrible y lo rocambolesco, ese adjetivo nacido del nombre “Rocambole”, otro personaje “Archivillanesco” creación esta vez de Ponson du Terrail en 1858, a caballo entre el “Goticismo” y el folletín propiamente dicho, tanto en forma industrial como en combinación estilística de melodrama, aventuras, crimen y delirio, alimentan la historia de Leroux aquí concentrada en tres entregas que no dan tregua muy bien ilustradas por Marc-Antoine Boidin en un estilo limpio, caricaturesco y enérgico, brillante en la expresividad facial y en las caracterizaciones físicas, capitales ambas en las obra, y apoyadas en un color luminoso cuando toca y tenebroso a su tiempo, expresivo siempre, dramático, aplicado, juraría, directamente sobre los lápices. Buen narrador en general, resuelto en la acción, maneja con gusto la disposición de la viñeta consiguiendo efectos de “Crescendo” poderosos o usando cuadros más grandes para situar/enmarcar una acción que desarrollará en las cuadrículas más pequeñas, todo ello dentro de la misma página con notable armonía y fluidez. No es, en definitiva, un simple acompañamiento más o menos lustroso, sino que sabe dar y cambiar el ritmo del relato.

Un mérito importante en tanto este arrastra ciertos problemas de confusión derivados del gran esfuerzo de compresión. Pascal Bertho al guión se aplica en una estructura que admite, por necesidad, la elipsis y por gusto el “Flashback”. Lo uno permite agilizar transiciones y acortar peripecias, lo otro enriquece la trama principal y ofrece una rica variedad de escenarios, todo ello muy folletinesco. Lo cual permite especular con la manera en la cual tres medios diferentes como la escritura, el cine y el cómic han retroalimentado mediante diferentes sinergias eso del folletín y de lo folletinesco.

Si en la edad dorada entre los 10 y los primeros 20 el cinematógrafo y las publicaciones periódicas se encabalgaban y desarrollaban con feliz promiscuidad -Leroux escribirá incluso al dictado de los folletines en cinematógrafo, mientras que la imaginería de Feuillade en “Fantomas”, “Judex” o “Las Vampiras” influye y se ve influida por las ilustraciones de portadas y acompañamiento de los folletines en papel- en el nuevo siglo es la “BD” la que emerge como un medio excelente de redifusión de aquel material (De hecho el presente volumen supone la primera aparición en español del personaje), al tiempo que la cinematografía francesa ha regresado a ese territorio mestizo de los 20. Una fértil, admirable, tradición que con estruendosas o ligeras modernizaciones reaparece en lugares como “Arsène Lupin” (Jean-Paul Salomé, 2004) o “Le Mystère de la Chambre Jaune” (Bruno Podalydès, 2003).

Crítica gracias a Paperman de Ultramundo
Idioma: Español.
Editorial: Planeta
Año: 2009
Guion: Pascal Bertho
Dibujo: Marc Antoine Boidin
Escaneador: juf
Archivos: 1
Formato: CBR.
Tamaño: 74.2 MB

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