viernes, 10 de junio de 2016

Ganador Concurso de Cuentos Facebook


GANADOR CONCURSO DE CUENTOS

Ñoño Corps y How to Arsenio Lupin tiempo atrás anunciamos en conjunto por Facebook que se realizaba un concurso donde los fans podrían mandar sus obras, un cuento corto relacionado al mundo de los superhéroes, y el mejor sería elegido para aparecer en el blog como premio, y después de deliberarlo cuidadosamente nuestro ganador es Mauro Alfredo Insaurralde Micelli, con sus obras “Dios” y “Fantasmas”. Sin más preámbulos, felicitaciones al ganador, y acá pueden leer su trabajo:


DIOS

“Yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.”
(DIOS. Cesar Vallejo)

El espacio exterior. Algún momento entre ayer, hoy y mañana, quién sabe...

Una estela esmeralda cruza la negrura infinita del espacio. Uno puede haber leído los más impresionantes relatos de ciencia ficción, visto cada Space Opera conocida, pero en lo que respecta al espacio exterior, sólo quien lo ha recorrido más de una vez puede decirte con exactitud lo que realmente es: un deprimente desierto infinito. No hay nada fascinante allá afuera, sólo la certidumbre de estar rodeado por una soledad absoluta y agobiante.

El hombre vestido de verde lo entiende mientras sus ojos se desvían un instante con indiferencia hacia el orbe azul suspendido en las tinieblas al que está condenado a proteger. “La Tierra”— piensa, como quien piensa en una goma de mascar pegada a la suela de su zapato—. “¿Cuántas veces ha estado en peligro esta semana, diez, veinte, tres millones?”

Esa es otra cosa que nadie te dice sobre el espacio; se hace casi imposible medir el tiempo. Hoy es ayer, ayer fue hace siete millones de años, mañana será ayer en unas horas. Pero sí, la Tierra fue amenazada muchas veces, y cuando se dice “muchas veces”, se quiere decir que todo se ha vuelto un rutinario ejercicio sin honor alguno.

El hombre vestido de verde ya ni siquiera ve a la Tierra como su hogar. Está pisando los cincuenta años, el cabello encanecido, el vientre abultado. No hay esposa a quien amar, ni hijos a quienes contarles sus hazañas. La dulce Carol se fue hace siglos (¿ayer era mañana?); su último contacto humano. Es difícil mantener tu humanidad cuando se hace el trabajo de Dios; es difícil creen en Dios cuando se descubre que el universo es un manto negro salpicado de esferas tan frágiles como el cristal; es difícil que algo mortal te importe cuando eres Dios.

—Alerta— susurra su anillo con una voz artificial, mecánica, tal vez inexistente (pues no hay sonido en el espacio); algo que sólo su divina presencia o su mortal esquizofrenia son capaces de oír—. Peligro inminente. Amenaza alienígena acercándose hacia…

—La Tierra, sí— interrumpe con un suspiro cansino—. ¿Y qué es ahora, anillo? ¿Un tiranosaurio morado que vive en mi mente? ¿Una niña de mil ojos? ¿Algo que nunca he visto? Eso estaría bien, supongo, pero… no… Sería imposible. A esta altura de las cosas, ya lo he visto todo.

 Y con la decepción propia de un dios asqueado de su creación, el centinela esmeralda ve llegar a la amenaza. Algo patético, algún criminal fugado de una prisión ruinosa o un ebrio con aires de grandeza al que el alcohol que ha bebido en una cantina espacial maloliente se le ha subido a sus tres cabezas deformes. Nada que el dios esquizofrénico y cansino no pueda poner a raya con su anillo.

—Estás muy lejos de casa, muñeco— le dice a ese otro, sabiendo que no tiene importancia,  no puede oírlo—. Deberías volver antes de que el espacio te haga olvidar lo que es una casa en primer lugar.

 El agresor dice algo, lo sabe por la manera en que sus bocas gesticulan; tampoco tiene importancia. El dios de jade sabe todo lo que va a pasar; sabe que el sujeto le disparará con su arma de rayos amarillos, que el color amarillo ya no puede afectarlo, que al enfrentarse cuerpo a cuerpo no recibirá daño alguno. Siempre es así, todo es tan igual como la oscuridad inmensa del espacio… Si tan sólo valiera la pena, si la Tierra significara algo…

 Entonces la voz de alguien resuena en su cabeza. “Déjalo ir”. Y la reconoce, es la voz del humano en él. “Ya no es nuestro problema, todos se han rendido, déjalo ir tú también.” Y por primera vez en todos sus años de eternidad, la indiferencia le da paso a la cordura, el único instante de lucidez real del que dispondrá.

—Anillo— murmura—, desactiva el campo de fuerza.
En menos de un segundo la luz verde a su alrededor se apaga para siempre; un rayo amarillo atraviesa el débil cuerpo de un anciano que ha muerto mucho antes, sin oxígeno.
El alienígena observa la escena con horror. Esto no debería haber pasado, no así… ¿Qué había hecho? Había matado a un policía espacial, ahora todo el peso de la ley le caería encima… No, él no quería eso y…

Huir, claro… Refugiarse en algún lugar lejos de la escena del crimen, salvaguardarse hasta que el peligro pasara, si es que acaso pasaba alguna vez. La Tierra se ha salvado una vez más. Un cuerpo sin vida se desplaza ahora por la oscuridad infinita como en un eterno funeral vikingo.

—¿Así que tú eres la hija del jefe, eh?— dice un hombre en un pasado remoto—. ¿Tienes un nombre o debo llamarte solamente “dulzura”?
—Carol— responde una mujer ruborizada y de sonrisa nerviosa—. Carol Ferris.
—Carol, bonito nombre— asiente el hombre mientras paladea una cerveza—. Yo soy Hal, Hal “el As” Jordan; un placer conocerla.

Y mientras el cadáver de una leyenda se aleja para siempre, un diminuto anillo esmeralda se precipita hacia la Tierra a una velocidad impresionante.


FANTASMAS

“Ourdriedvoices, when
Wewhispertogether
Are quiet and meaningless
As wind in drygrass”
The Hollow Men. T. S. Eliot

Él llega aquí. Aterriza con su característica elegancia. Su mirada amenazante se clava en mí, parece dispuesto a intimidarme. Entonces baja la vista y se encuentra con ellos. Toda su determinación parece diluirse en algo que se parece a un líquido cenagoso. Su pétrea mirada es ahora la de un niño asustado; tiene destellos de suplicante. En ese segundo me teme, y es de esa clase de temor que no se irá nunca, de ese que se queda, porque sabe que ahora realmente no importa lo que haga; no podrá volver atrás lo que ya está hecho. Ahora soy yo quien mira amenazante y se ríe… Me río como un loco, como una hiena demente.

—Jo… Joker—. Parte de él lucha por mantenerse entero, por demostrarme quién tiene el poder; pero en ese tartamudeo ambos sabemos la verdad; incluso si ahora estoy aquí sentado en un rincón oscuro, sin posibilidad de huir y con las manos manchadas en sangre, no soy la presa sino el cazador; esta no es mi sangre—. ¿Qué has hecho?

Pienso en lo estúpido que luce al preguntar lo obvio. Estoy rodeado de cadáveres de niños y niñas a los que he decapitado, apuñalado, desmembrado; estamos en Gotham, en un orfanato de fachada descascarada. ¿Qué he hecho? ¿Acaso no es obvio? Pero comprendo a lo que se refiere. Veo el agua bajo la capa de hielo. Él no pregunta por el acto sino que intenta ajustarme a sus nociones de realidad. Busca comprensión para algo, algo para lo cual no está preparado. Pero se lo explicaré igual. ¿Qué más da? Todo, incluso las cosas que parecen tener sentido, ya no nos pertenecen… No nos han pertenecido nunca.

—Superman— sonrío. Desde mi perspectiva, sentado y dándole a él la luz correcta, debería parecerme enorme y yo diminuto; pero mi sombra es larga y lo envuelve, lo devora. Ante mis ojos tengo a un estúpido palurdo a punto de mojarse su ropa interior; un niño que se ha alejado demasiado de su hogar—. Esperaba a alguien más gótico, o no, no sé, tal vez siempre te he esperado a ti, si es que siempre es solamente ahora. No te ofendas por lo que voy a decirte, Supi, pero esa ropa tan colorida puede que te funcione en Metrópolis, pero aquí las cosas tienden a ser más… ¿Oscuras? Es decir, para payasos multicolores ya estoy yo.

Tiembla. Sabe que quiere hacer algo. No puede. No lo dejarán. A ninguno de nosotros. Pero él ignora muchas cosas; las cosas que muchos ignoran, la sabiduría que he adquirido yo, el loco, el bufón… El Joker.

—Estos niños…—. Veo sus lágrimas, se asoman tímidamente por sobre sus ojos azules; las contiene hasta donde sus fuerzas se lo permiten. Pero incluso para él esto es demasiado. Tal vez, si pudiese elegir, incluso lo sería para mí—. Esto es… ¡Esto es demasiado incluso para ti!

Estallo en una carcajada gutural. Golpeo mis muslos, aplaudo como una foca estúpida. Quizá esta sea mi forma de enmascarar mi tristeza; esta debe ser la fuerza que contiene mis lágrimas, si es que acaso esas lágrimas existen.

—¿Demasiado para mí, azuloso?—. Ahora es cuando comienzo a desentrañar la verdad, a compartirle lo que sé—. ¡¿Demasiado para mí, dices?! ¿Sabes? Entiendo que lo del detective se lo dejes al otro, que es más su estilo— no voy a nombrarlo; lo amo demasiado como para saber que aquí no hay lugar para su nombre—, pero deberías estar al tanto. Mi currículum es extenso, colorido… ¡Como tu ropa, jajajaja!—. Odio cuando hacen eso… esa necesidad de hacerme parecer idiota—.

 He matado a un pajarillo, he lisiado a una muchacha… ¡Por la sonrisa perdida de Sinestro, si hasta me he arrancado mi propia cara! ¡¿Y esto te parece demasiado para mí?! ¡Claro, nada de eso tiene importancia porque el pajarillo vive, la muchacha ahora camina y mi rostro está donde debe estar! Y ese es el secreto, Superman. Nada de lo que hacemos importa—. Revelaciones; abrirle mi mente a él, a quien lo inició todo; pero no es mi mente, ni la suya… somos sólo este momento, dos flores que se yerguen en la podredumbre. Hay rostros de niños que nos contemplan desde la vacuidad de la muerte—. ¿Por qué crees que hago todo esto?

— ¡Porque estás demente!—. Y de pronto lo dejan asomarse; pero sólo un poco… Nada.

—Sí y no—. Otra carcajada vana y sin razón alguna. Una broma, eso es lo que soy, lo que somos todos—. Mira, Superman, si realmente todo fuese tan simple, ya estaría muerto. Es decir, tú por ejemplo, podrías, no sé, romperme el cuello o algo. Luthor, Bane, cualquiera de los de mi clase también podría. Un loco es alguien enfermo, amigo, y un enfermo es el símbolo viviente de la debilidad. Y sin embargo aquí estoy, vivo y cada vez más perverso. Entiendo tu pregunta, de verdad lo hago… “¿Por qué haces lo que haces?”. Bueno, no sé si entenderás la respuesta, pero se supone que debo dártela de todos modos—.

 Me pongo de pie con parsimonia; él retrocede espantado y eso nos sorprende a ambos, o al menos fingimos el uno para el otro—. Hay voces en mi cabeza, muchas, todas distintas y siempre me piden que haga cosas—. Me dedica esa mirada… la que está reservada para los dementes—. Sé lo que estás pensando; esto sólo enfatiza la parte de la locura. Pero no soy sólo yo. Tú, tus amigos, la gente que ocasionalmente hace algo… Todos nosotros escuchamos esas voces. Son esas voces las que nos llevan a comportarnos de la manera en que lo hacemos.

Tú eres uno de los buenos, el más bueno de todos y siempre lo serás… Habrá días en los que te harán duro, pero las voces son limitadas en imaginación. Nos oscurecen a todos, pero mantienen la esencia. Nadie me detendrá jamás porque eso no puede hacerse, las voces me necesitan. Somos avatares de sus propios deseos e ilusiones. Hay líneas que no cruzamos por mucho tiempo y entonces nos obligan a cruzarlas.

Esas voces son las que nos matan y nos devuelven a la vida. ¡Tú moriste y morirás de nuevo y luego estarás aquí y tendremos esta estúpida charla una y otra vez! ¿No lo entiendes? ¡Estamos vacíos! Ni siquiera somos reales; tal vez nadie lo sea… Ni siquiera las voces. ¡Mira eso! 

 Señalo hacia uno de los cadáveres. Su rostro se horroriza tanto que ni las voces pueden describirlo. Pero, ¡oh!, se detendrán en los detalles, en la perversión más pura. Allí está esa niña sin cabeza, tendida desnuda y con las piernas abiertas.

—Joker… no— balbucea, lo están estupidizando para probar que él es el que posee una moral férrea, uno de los tantos que no podrían interpretar mi papel.

—No, sólo le corté la cabeza y le quité la ropa— explico con frialdad, con ese tono que las voces me imponen—. Un detalle, nada más. Hay líneas que no cruzamos aún. No yo al menos. Dr. Light lo hizo, lo obligaron a hacerlo. Es aterrador, ¿no lo crees? Quizá algún día decidan hacernos cruzar a todos… Las voces son implacables, exigen sacrificios.

Nosotros sólo interpretamos el papel, nos mantenemos ignorantes de su existencia, fingiendo un libre albedrío que no es tal cosa. Incluso ahora… Si sé estas cosas es porque ellos quieren que las sepa, quien quiera que sean ellos. Mañana olvidaré todo; hoy tú no vas a creerme. Nada tiene sentido, lo sé.

Él va a decirme que estoy loco, que no hay voces, que todo está en mi cabeza. Sólo por esta vez le dejarán decir que soy un jodido demente, hijo de puta.

—¡Estás loco!—. Ahí va—. ¡No hay voces! ¡Todo está en tu cabeza!—. Lo que sigue será interesante, fuera de lo común… Estamos atrapados por los hilos de otras voces, voces que tal vez ni siquiera sean las autorizadas—. ¡Eres un jodido demente, hijo de puta! 

—Bueno, sí, seguramente— vuelvo a reír; esto empieza a decaer, las voces van a callarnos pronto—. No me interesa. Estamos vacíos, Superman. Todos nosotros. Somos fantasmas esperando que nos convoquen, demonios aguardando por nuestro turno en el aquelarre.

Se queda allí, pálido, abrumado por lo que cree son los pensamientos de un psicópata. Esos niños jamás estuvieron vivos. Esta conversación jamás pasó. Él es Superman, uno de tantos; las versiones son infinitas. Yo soy el Joker, orbitando alrededor de una broma infinita.

Esta no es mi voz.

AUTOR: Mauro Alfredo Insaurralde Micelli


 Espero les gustase, y se animen a participar más adelante cuando este tipo de oportunidades se vuelva a repetir en un futuro, pues muchas obras de calidad nos llegaron entre los participantes, y es una fantástica forma de unirnos como comunidad y que podamos conocernos mejor. Saludos,

 Ñoño Cool 

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