lunes, 26 de octubre de 2015

Reseña Comic: Batman Guerra contra el Crimen


BATMAN: GUERRA CONTRA EL CRIMEN

Editorial: DC Comic
Fecha de Publicación: 1999
Guionista: Paul Dini
Dibujantes: Alex Ross
Reseña: Ñoño Cool

Lo que hace grande a Batman no es que sea un personaje oscuro, que tenga gadgets ingeniosos, posea siempre un plan o tenga muchísimo dinero, o que sea tan popular. Para mí lo que hace tan grande a Batman es lo identificable con el lector que resulta a pesar de tener estas características. Lo que hace que Batman resuene por más de 75 años teniendo miles de comics, decenas de películas animadas, series animadas y vuelva al cine de la mano de Ben Affleck y posea millones de productos de marketing es que a pesar de todo sigue siendo humano y siempre será el tipo en el que puedes contar. Siempre. Y esta es la parte que muchos comics New 52 han olvidado literalmente volviéndolo un dios en la colección de la Liga de la Justicia y haciendo que sobreviva a cosas imposibles hasta para Superman sin la menor cicatriz o herida; este aspecto tan olvidado en New 52 es el que se examina en la segunda colaboración entre Dini y Ross.

Este aspecto humano aparece desde la portada misma, donde tenemos un acercamiento a la cara de Batman y podemos ver los ojos del hombre detrás del murciélago, en la enorme mayoría de los comics sobre el personaje siempre están en blanco para infundir miedo y aquí quedan expuestos para demostrar su vulnerabilidad… y por alguna razón a pesar de eso me dan mucho más miedo que unos simples ojos blancos. Esa mirada es como de “si, soy un hombre, me quiebro y tengo sentimientos… pero conozco 340 formas de hacerte sentir el mayor dolor posible, elige un número”. Simplemente desde la portada ya este tebeo visualmente es algo impresionante.

La historia de Dini comienza con un montaje de la historia del origen del personaje a la pálida luz de la luna azul. Después tenemos la imagen clásica de Batman sobre una gárgola e Gotham City mientras murciélagos vuelan a lo lejos brillantemente ilustrado por Ross. Ves el asesinato de los Wayne y el niño de rodillas haciendo un voto solemne de justicia con los mismos ojos que el hombre en la portada. Batman ha nacido.

La historia llega al presente y se cuenta con narración en primera persona por el mismo murciélago. También es un tebeo sin supervillanos. Los vemos de pasada, como parte de los flashbacks pero esto no es acerca de ellos a pesar de que la galería de villanos del Batman es tan rica y llena de demenciales genialidades. Se trata de una guerra contra el crimen. Es en el sucio mundo callejero donde se realiza la mayor parte del trabajo del Batman. Él sale del humo y las sombras causa terror en el mundo; este hombre no tiene superpoderes, pero golpea con la máxima eficiencia.

Batman tiene todo lo que una persona puede soñar, menos tiempo para si mismo. Es un humano que no puede darse tiempo a ser humano. Incluso sin su máscara sigue usando el disfraz de Bruce Wayne como otra identidad necesaria para acabar con el crimen en su ciudad. Y en esta historia esto queda patente.

Por lo mismo este tebeo es algo más que solo Batman golpeando al Pingüino por decima quinta vez o al Joker por cincuentava. No importa qué tan fácil es ponerse una máscara para luchar su guerra, es el hombre detrás de la máscara que se requiere. Durante su eterna patrulla nocturna, Batman se encuentra con una escena demasiado similar: un robo que se convirtió en doble homicidio y un pequeño niño ha visto todo lleno de terror mientras sus padres eran abatidos ante sus impotentes ojos.

El pequeño Marcus acaba ver a sus padres morir y su niñez ser brutalmente arrancada de él. Batman llega a la escena pero ya es tarde, y se va carcomido por los paralelos entre él y Marcus, preguntándose cómo él hubiese resultado si su condición económica hubiese sido como la del niño. Y vigilando al chico se sigue preguntando lo mismo al ver como este se ve involucrado en crimen tras crimen. Sin aguantar más Batman llega a escena para aterrorizar al chico lo suficiente para que jamás lo vuelva a hacer.


El problema es que Marcus ya había visto en acción a Batman y estaba ya muerto de miedo por su presencia, y sin embargo seguía cometiendo ilegalidades. Por esto Bruce se da cuenta que el miedo no es la respuesta, la máscara no es la respuesta en este caso, Marcus necesita al hombre detrás, así que Wayne debe armarse de valor y exponerse lo suficiente para poder alcanzar al traumatizado chico antes de que sea tarde.

Hay además una subtrama donde Wayne tiene que lidiar con Randall Winter, un empresario sin escrúpulos que planea destrozar los vecindarios pobres y mover la gente a otro lado para que Gotham brille nuevamente sin esos “cánceres” ahí. Y Bruce tiene que vencerlo actuando como un ciudadano inteligente en vez de un vigilante nocturno, siendo el verdadero Wayne quien lo vence en vez de una de sus máscaras.

Visualmente la historia luce como ilustraciones que lucen como detalladísimas pinturas que nos muestran todas las complejas emociones que los personajes van experimentando. Su Batman luce demasiado real y con un diseño bastante alejado al tradicional, en especial en cuanto a los ojos. Una Gotham muy decadente que tiene gran parecido con la versión de la ciudad en la película de Tim Burton. Todo un logro visual.

El problema es que el ritmo narrativo es consumido por el dibujo y no el guión. El aspecto visual avasalla completamente volviéndose un tebeo realmente lento y con poca posibilidad de profundizar en los temas que presenta, dando interesantes premisas pero con una ejecución algo carente. No es un imprescindible pero tampoco algo mediocre, solo que se quedó a medio camino de lo que pudo ser. Más allá de eso, tengo que decir que es un comic bastante interesante de Batman, y que al menos por el aspecto visual, como todo tebeo de Alex Ross, merece una leída.

7/10






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