lunes, 10 de agosto de 2015

Reseña: Animal Man - El Evangelio del Coyote


ANIMAL MAN - EL EVANGELIO DEL COYOTE

Fecha de Publicación: 1988
Escritor: Grant Morrison
Dibujante: Chas Truog
Entintado: Doug Hazlewood
Reseña: Ñoño Cool

La presente reseña nace a raíz de cuando me di cuenta que al estar escribiendo la dedicada a la etapa de Morrison en Animal Man, este número solitario, el #5 en la colección, merecía más atención que unos dos o tres párrafos pues el mensaje que entrega y en la manera en que lo entrega lo hace una obra maestra del noveno arte.

Una de las historias favoritas del mismo Morrison entre la enorme pila de lo que ha escrito, es también una de mis preferidas del británico. El era un recién llegado al comic americano en plena “Invasión Británica”, y para alguien que estaba a prueba y bajo la lupa de la editorial, creó una de las colecciones más experimentales en toda la historia de la industria, y a pesar de los propios miedos de Morrison, fue un rotundo éxito tanto en crítica como en ventas. Y la joya más brillante de todas dentro de esa colección es número 5: “El Evangelio del Coyote”.

La historia está protagonizada por una parodia macabra de Willy E. Coyote de los Looney Tunes - el que siempre es vencido por el Correcaminos en las caricaturas - llamado Crafty en el comic, quien es un Jesucristo animado, un mártir peludo, así como el portador de un fuerte mensaje que tristemente será desoído.

Este tebeo es una obra de arte. Es mitad declaración de principios y valores morales, que como están naciendo se entregan de manera cuestionable; y por el otro lado es una discusión que apunta hacia la teología como a nuestra percepción de la realidad. Y si bien funciona mucho mejor si la leemos en conjunto con los 20 y tantos otros números ya que hay elementos aquí que vienen de antes y otros que jugarán un rol importante después, sirve perfectamente como una historia en solitario sobre las diferentes visiones de vida, las diferentes visiones de mundo, la forma en cómo las explicas y planteas, y la manera en cómo enfrentarlas, la manera en cómo puedes vivir o morir por estas, hasta dónde estás dispuesto a llegar por tus creencias.

Comenzamos con un camionero y una acompañante al que recogió en el camino mientras hacía auto-stop. Ambos son personas completamente diferentes; ella quiere alejarse de su madre y encontrar un rápido camino al éxito, mientras que el conductor es alguien bastante más espiritual, quien a través del amor de su pareja homosexual Billy y su fe cristiana ha encontrado un equilibrio en su vida. Y como todo “hombre nuevo renacido” que encontró la religión y venció al SIDA, siempre ve hacia adelante y con una mirada fija a su propio interés, ignora los problemas de la chica y sus miedos de fracasar como la madre de esta predijo. Cuando atropella lo que parece ser un animal común ella, que aún se preocupa por el pasado se altera por esto, pero a él no parece afectarle en lo más mínimo por su nueva visión en la vida.

Después pasamos a Animal Man, quien por su parte vive otro conflicto, por fin ha llegado a la ineludible conclusión de que si él obtiene sus poderes gracias a los animales, y pretende ayudar y proteger a los animales, no puede seguir comiendo carne ya que eso no le parece ético. Eso es una muy buena línea a seguir para el superhéroe Animal Man, pero Buddy Baker el hombre de familia por otro lado, no sabe expresarse lo suficientemente bien con su familia donde a diferencia que combatiendo el crimen, debe pensar no solo en que sus decisiones lo afectan a él, sino que a todos los miembros de su núcleo. Es por esto que cuando decide dejar de comer carne, en vez de consultarle a su esposa o hijos si ellos están dispuestos a seguir este mismo camino simplemente llega y bota toda la comida en el refrigerador que contenga algún tipo de carne. Sus motivos están llenos de nobleza ¿pero eso lo excusa por haber pasado por encima de todos los demás sin siquiera un aviso? Y finalmente gracias a su poca capacidad de relacionarse de manera coherente con los que lo rodean, pasa a ser un personaje secundario de esta historia, quien observa cómo se desarrolla la cruzada de nuestro personaje principal: El análogo del Coyote de la Warner llamado Crafty, un ser que comienza como un ser infernal y finaliza como lo más cercano a un ángel que un animal antropomórfico pueda ser.


Crafty (el coyote) es una parodia oscura de Willy E. Coyote de los Looney Tunes, aquel que siempre era vencido por el Correcaminos. Pero esta historia carece absolutamente de humor, y todo lo gracioso que le sucedía en las caricaturas cada vez que pasa en “el mundo real” deja dolorosísimas secuelas que causan que muera y una y otra vez de las peores muertes posibles. Comenzamos sin embargo sin saber quién es o cómo llegó aquí al inicio del relato, viéndolo solo como un demonio, una especie de hombre lobo que luego de ser brutalmente atropellado por el camionero - que manejaba un vehículo para la compañía que es nuestra versión de ACME - vuelve a la vida y lentamente sus órganos destrozados comienzan penósamente a reconstruirse y puede seguir su camino.

Este patético ser inmortal es víctima de una maldición. Fue desterrado a este plano porque alberga en su corazón un deseo: que haya paz en el mundo donde vivía, el cual está eternamente en guerra. Su hogar no es nada menos que un lugar similar al donde viven todos los Looney Tunes, poblado por animales antropomórficos que se atacan, mutilan, destrozan y asesinan entre sí sabiendo que no existe la muerte en su mundo por lo que no existen consecuencias a sus actos y la violencia puede reinar impunemente. Y nuestro Coyote viendo las vacías que eran estas existencias y la suya propia, se cansó de seguir intentando herir al Correcaminos y ser herido de vuelta, y de ver cómo el resto estaban encerrados en ese círculo vicioso.

Por eso va en representación de todos sus pares – sin consultarle – a pedirle un poco de paz inexistente al Dios de este mundo. Dios no es otro más que el guionista de los episodios de los Looney Tunes sentado en un trono dorado rodeado de nubes, y accede entregarle dicha paz a esta  tierra con la condición de que él sea condenado al infierno a sufrir eternamente por todos los demás (¿suena parecido a otro personaje no?) en el plano donde ahora se encuentra, nuestro mundo. Aquí la muerte, los golpes y las heridas no son nada suavizadas como en las caricaturas, aquí si le lanzas un piano encima desde un cuarto piso a un perro lo vas a mutilar y probablemente acabará muriendo de agonizante dolor. Es en este mundo donde toda la violencia es mucho más seria y a veces definitiva, es donde nuestro coyote viene a caer, y se dará cuenta que aquí al igual que donde antes vivía la brutalidad es igual de habitual.

Por eso de la mala fortuna o uno de los deseos de este caprichoso Dios que lo envió a esta nueva realidad, Crafty aparece ante el camionero y es atropellado por él. Un año después este camionero ha tenido su vida hecha pedazos, su pareja ha muerto, su madre también, ha perdido su trabajo y la chica que él recogió el día del atropello y soñaba con un futuro brillante cayó en la prostitución y fue asesinada. Él como cristiano caído en el fanatismo culpa al diablo de toda su desgracia, y lo simboliza en el animal al que arrolló con su camión. Creyendo ciegamente que Dios – el de este mundo, no el de las caricaturas – le ha puesto estas pruebas en su camino para motivarlo en la cruzada sagrada de destruir a la criatura se dispone a asesinar al demonio, quien por su parte no está más lejos de serlo, pues a elegido sufrir a nombre de todos los suyos para salvarlos a ellos, pero que sabe que puede evitar el dolor y no sentir dolor todo el tiempo, cuestiona la voluntad errática de su Dios tiránico que lo puso donde está.

Nuestro camionero demente por su desgracia y refugiado en la fe intenta matar al coyote con cada una de las formas en las que los productos ACME actuaban en las caricaturas de los Looney Tunes, pero en este contexto lo que antes eran piezas de comedia basadas en el dolor físico sabiendo que no habría consecuencia real, aquí son una parodia oscura de sí mismas y cada nueva trampa tiene resultados brutales, sangrientos rozando en el gore. El coyote resucita como en las caricaturas pero esta vez con profundo padecimiento más y más profundo a medida que avanzan las trampas ACME, resucitando con él la esperanza de que en Toon-land la paz siga reinando por su sacrificio.

Esta historia refleja la lucha noble y patética entre ambas cruzadas que se cruzaron por el azar, un hombre que cree poder eliminar todo el mal del mundo por sí solo a través de la violencia, y este animal que busca purgar el mal del mundo por si solo a través del auto sufrimiento. La batalla entre nuestro Jesucristo caricaturizado contra el fanático religioso que ve blasfemias incluso entre los puros de corazón se ve interrumpida por la llegada de Animal Man como una figura aparentemente salvadora, pues es un superhéroe eso se supone que hace y simboliza. El problema es que Buddy no salva a ninguno de los dos y solo sirve para imprimirle aún más patetismo a la situación cuando el coyote le entrega su evangelio – de ahí el título del comic – que llevaba colgado al cuello, donde habla sobre la razón y propósito de su sacrificio, pero Animal Man no entiende un carajo de lo que ahí está escrito. Dejándonos un nuevo ejemplo de lo que es un sacrificio ignorado. Todos aquellos que sufren por el bien del otros sin jamás ser capaces de que alguien sepa que lo hicieron, y luego te vas al tema animalista y porqué los animales deben sufrir por el bienestar humano… ya sea para ropa, alimento o diversión.


En el final nos preguntamos ¿valió la pena el sacrificio? ¿es necesario un sacrificio en primer lugar? ¿Nuestro coyote habría tenido las capacidades de rebelarse contra ese Dios cruel y sádico? ¿Somos nosotros los propios dioses tiranos sobre aquellos que creemos gobernar o crear? ¿O somos unos títeres sin voluntad en el juego de otros y el libre albedrío no es tal? Cada uno de nosotros tendrá una respuesta para cada una de estas preguntas obviamente, pero lo importante es que aquí estas fueron realizadas.

Y para terminar con todo este desfile de patetismo filosófico, el santo camionero le dispara al demonio una bala que si le entrega la muerte definitiva, una bala hecha de la plata del crucifijo que él portaba, un proyectil creado por el símbolo que significaba todo para él, le dispara su vida  - y por ende muere – para poder acabar con la del coyote. Crafty al recibirla llora al saber que su eterno sacrificio si ha terminado, la muerte lo viene a reclamar y tristemente muere acompañado de alguien que ni siquiera lo conoce, mucho menos entiende el por qué de su vida. La historia finaliza cuando el Dios del coyote actúa en nuestro mundo – ¿el sádico creador no solo gobierna a los toons sino que también a la realidad completa? con una sutil y literal pincelada que viene a colorear la sangre al cadáver de Crafty.

La imagen de este sacrificio caricaturesco se aleja y nos deja ver el panorama más grande, donde queda la visión de su cuerpo depositado en medio de la carretera del Valle de la Muerte, la cual está construida en forma de cruz, simbólicamente crucificado para redimir el mundo brutal que jamás lo comprendió. Nos deja a todos con una sensación confusa. ¿Quiere en realidad este tebeo decirnos que ese dios es...? Y todo es coronado por un toque de lo que podríamos dilucidar como el humor más negrísimo posible, con el conocido "Hasta luego Amigos!"... despidiendo el conjunto.

En el caso del dibujo, podríamos decir que cumple su meta jugando con imágenes que solían sacarnos carcajadas ahora entreguen la máxima incomodidad posible con lo doloroso que luce cada nueva muerte, y que suframos junto a los personajes gracias a un trabajo de expresiones faciales muy cuidado, en especial el mismo Crafty. La portada además es una obra maestra por sí misma, con Buddy siendo creado y crucificado al mismo tiempo, que no solo es perfecto para una historia como esta sino que cobra muchísima más fuerza cuando leemos los números finales de la colección.

En resumen, este es a mi gusto un comic perfecto, macabro, gore, una plataforma para cuestionar a los guionistas de comics y todo el proceso de realizar algo artístico así como nuestras vidas, la ilusión de libre albedrío y Dios mismo envuelto todo en una parodia oscura de los Looney Tunes que te hará pensar dos veces antes de volver a reírte del sufrimiento del coyote la próxima vez que un producto ACME le estalle en la cara. Sinceramente este es uno de los puntos más altos en la carrera de Morrison y las palabras jamás le harán justicia. Creo que es algo que debe ser experimentado para ser entendido, y se lo recomiendo a todo fan de los comics así como a quien no siga los tebeos pero si tenga ganas de leer algo de altísima calidad.

10/10




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