miércoles, 29 de julio de 2015

Reseña Película: Mi Vecino Totoro


MI VECINO TOTORO

Fecha de Estreno: 1988
Director: Hayao Miyazaki
Guionista: Hayao Miyazaki
Productora: Studio Ghibli
Reseña: Ñoño Cool

El siguiente film guarda un lugar MUY especial en mi corazón, no solo por el contenido sino que por el peso emocional que conlleva en mi vida. Esta fue la primera película que vi con mi pequeño hermanito quien ahora tiene 7 años de vida, hace unos 4 años atrás; es uno de los recuerdos más especiales que tuvimos juntos y el disfrutó el film a tal punto que le regalé un peluche de Totoro que a pesar de que crece más y más, y ya no quiere ser "Un niño pequeño" aún guarda en su recámara junto a su cama como algo especial. Hoy reseño una de las películas favoritas de una de mis personas favoritas: Gabriel, mi pequeño hermano menor.

 Una película animada del afamado estudio Ghibli que a pesar de ser lucir muy infantil, es buenísima, pues va por fomentar unos valores algo descuidados o perdidos en el proceso de crecimiento. Una historia sin villanos, sin escenas de lucha, no hay adultos malvados ni conflicto entre ambas protagonistas, nada de monstruos aterradores o un ambiente oscuro. Es una película hecha para el mundo en el que deberíamos vivir en vez de en el que ocupamos ahora, un simple trozo de infancia llevado a la pantalla, un mundo benigno donde un par de niñas conocen una gigantesca criatura en el bosque, en el que pueden subirse a su barriga y tomar una siesta.

Hayao Miyazaki es uno de aquellos dioses de la animación, del cual brota imaginación a montones y es tan dedicado que todos sus films hacia antes del 2006 son dibujados a mano cuadro por cuadro y él se dedica a hacer cientos de ellos por sí mismo como un maestro artesano apasionado por su arte; y solo ahora ha comenzado a usar un poco de animación computacional sin abandonar la intervención a mano. Trabajando en conjunto con Isao Takahata fundaron Studio Ghibli y han producido películas como “La Princesa Mononoke”, “El Castillo Ambulante de Howl”, “Kiki: Entregas a domicilio”, “Nausicaa del Valle del Viento”, “La Tumba de las Luciérnagas”, “El Viaje de Chihiro” y por supuesto “Mi Vecino Totoro”. Casi todas consideradas obras maestras no solo de la animación sino que del cine en general.

Esta película se ha vuelto una de las más populares de todos los tiempos sin ninguna propaganda y Tororo rápidamente se transformó en el Mickey Mouse japonés – con permiso de Pikachu – y mascota símbolo de Ghibli y Miyazaki mismo. Una de las películas más vendidas cuando aún existía el VHS, éxito de ventas en DVD y votada como la quinta mejor película familiar justo bajo “Toy Story 2”. Y muchos sitios japoneses la consideran el mejor film animado salido desde su país. Y cada vez que la veo no puedo evitar sino quedarme atrapado en su inocente mundo.

Las películas de Miyazaki siempre serán visualmente impresionantes, con esas acuarelas en los fondos y el diseño tradicional japonés en sus personajes que los transforma en seres muy expresivos pero al mismo tiempo muy realista gracias a los detalles. Es cosa de ver como se mueve el viento o el agua en las escenas donde están presentes y encontrarás una magia y belleza como pocas.

La película cuenta la historia de dos pequeñas hermanas, Mei y Satsuki Kusakabe, quienes se mudan junto con su padre a vivir en una cabaña en el campo cerca de un bosque muy frondoso. Su madre que está enferma y ha sido trasladada al hospital de distrito. Una historia sobre dos pequeñas niñas, no dos niños o un niño y una niña, es algo extremadamente raro de ver en la animación americana, tiene un padre fuerte y amoroso que las cuida en vez de ser el típico padre maltratador, y su madre está enferma, cosa que tampoco es muy común de ver en la animación americana como Disney, Pixar, Dreamworks, Blu Sky Studios o Warner Brothers. No, “Mi Vecino Tororo” es algo único e irrepetible.

Cuando le preguntan a un vecino sobre su nuevo hogar, les dice que está embrujada. Pero nuevamente no como la versión occidental con fantasmas y criaturas monstruosas sino que cuando Mei y Satsuki ven a los pequeños fantasmas caseros estos son juguetones y amigables espíritus de polvo que habitan una casa abandonada y se van cuando llegan los nuevos dueños al escuchar el sonido de la risa.

Incluso cuando las chicas y el padre exploran la casa y sienten el rechinar de las puertas y el crujir del piso, no caen en el cliché de gritar y asustarse, sino que les parece otro motivo de juguetear por ahí como verdaderas niñas pequeñas, y cuando llegan al ático y sienten algo de temor esperan a que llegue su padre les de nueva valentía y siguen jugueteando por ahí.

E incluso cuando ellas le hablan de los espíritus habitando su nuevo hogar el padre sonríe y lo acepta sin mucho drama diciendo que “hay que ser amigables con los espíritus de la naturaleza y seremos recompensados”. Esto se salta otro cansino cliché de que el “adulto piensa que soy un mentiroso y debo salvar el mundo por mí mismo”, demostrando la actitud de aceptación hacia lo espiritual tradicional japonesa que deja claro la diferencia entre las dos culturas.



Y como dije en un inicio esta película no se basa en conflicto o amenaza, sino que en experimentar y explorar. Pues un día gracias a estar en armonía con la naturaleza sumada a la simple casualidad la más pequeña de las dos descubre la existencia de los espíritus guardianes del bosque que solo los niños de corazón puro pueden ver llamados totoros, espíritus basados en el folcklore japonés pero inventados exclusivamente por Miyazaki para la película. El concepto de exploración queda patente cuando vemos a las pequeñas niñas en esas hermosamente dibujadas secuencias siguiendo a los totoros por el bosque.

La pequeña Mei sigue al bebe totoro – el cual recuerda la apariencia de un tierno conejo – paseándose por el patio y lo sigue al bosque mientras su muy trabajólico– como todos los japoneses responsables – padre no nota su ausencia. El bebe la guía por un túnel y termina aterrizando en la panza de una gigantesca criatura donde se pone a dormir. Pero como repito hasta el cansancio, este no es un mundo oscuro así que este no es un bosque tenebroso tampoco. Por lo mismo cuando su padre y hermana la buscan la encuentran sin ningún problema pero no encuentran a las criaturas.

¿Estos espíritus existen o es solo parte de la imaginación de las chicas? ¿Es por eso que su padre nunca puede verlos? Bueno, eso realmente no importa nada realmente, pues a medida que avanza la historia conocemos a más criaturas hermosas y extrañas como el Gato-bus, quien recorre el bosque con sus ocho patas mientras ilumina el camino con sus ojos como si fueran focos.Junto a estas adorables y entrañables criaturas Mei y su hermana comenzarán a descubrir el valor de la amistad, del amor fraternal y la familia en una aventura donde la imaginación es el límite.

Hay una maravillosa escena donde las chicas esperan el bus de su padre pero pasan horas y no llega, comienza a llover y el bosque se pone más y más oscuro. En completo silencio el gigantesco Totoro se une a ellos en la parada de bus protegiéndolas como si fuese uno de eso amigos imaginarios que te protegían cuando pequeño al sentirte asustado. Y cuando las chicas le entregan su paraguas al alegre gigantón esté se queda fascinado al ver que las gotas no tocan su cabeza y comienza a saltar y jugar para ver qué más puede aguantar su nueva herramienta, Totoro se va en el gato-bus, y el bus de su padre llega. Una fantástica y memorable escena que ya es parte de la historia del cine y ha sido producto de estudio para gente que quiere aprender algo de animación. ¿Por qué? Pues porque toda una situación que pudo ser potencialmente aterradora se maneja calmada y positivamente, el bosque oscuro es una situación  más, no una amenaza, por eso la película no necesita villanos.


El agua y el viento son infaltables protagonistas en la narrativa visual del maestro japonés, presentes en muchas de las escenas a lo largo de la película; desde una briza tirando las cubetas con las que las niñas cogen agua, o cerrando la puerta de golpe, o haciendo flotar un trompo donde ellas viajan junto a Totoro, a la lluvia o la bañera donde ellas y su padre juguetean lanzándose agua unos a otros. Además la imaginación de Miyazaki y la inocencia que esta engloba crea una hermosa ambientación y tono, ejemplo claro es cuando Mei duerme sobre la panza de Totoro como si no hubieran más cosas en el mundo que disfrutar una buena siesta sobre un amigable gigante.

Sólo tenemos dos emergencias reales, una visita al hospital a ver a su madre cada vez más enferma y cuando Setsuki recibe una llamada del doctor para contactar a su padre sobre su madre enferma. Y en ambas escenas este problema es tratado no como una tragedia o algo terrible sino que solo como algo más de esas cosas que pasan en la vida. La que podríamos decir es una verdadera tragedia es cuando Mai en busca de su mamá se pierde de Setsuki y esta tiene que pedirle ayuda a Totoro para que la encuentre nuevamente usando el concepto del pseudo-amigo imaginario para evitar la tristeza del momento, pues la ambigüedad de si es gigante sonriente es o no real, a pesar de que hay situaciones que parecen confirmar su existencia, todo perfectamente puede estar pasando solo en la mente de las chicas.

 Esta película es sin duda la más infantil de todo Ghibli, pero eso no es para nada un negativo contra el film, pues si son de aquellas personas con un corazón de niño la disfrutarán cabalmente. De las pequeñas cosas de la vida, mientras investigamos el bosque y vemos a Totoro el que las protege como si de sus hijas se tratase. El enorme corazón puesto en cada escena y cuadro animado es lo que hizo que las audiencias se enamoraran de esta película, con esos tintes de pequeña comedia y una caracterización en las niñas que se siente brillantemente convincente como si fuesen chicas reales, el Totoro tan tierno y adorable, y el Gato-Bus tan expresivo, esta película es maravillosa.

Es una de las mejores películas del Studio Ghibli, y aunque habrá gente a la que SENCILLAMENTE ABURRIRÁ sin más y otros pueden despreciarla por lo poco que sucede, no puedo negar que yo la amé, aún tarareo la canción principal del film que es un trozo de vida, un pedazo de infancia encapsulado y se los recomiendo a todos los fanáticos de la animación, siempre y cuando mediante la presente reseña sepan si algo como esto es de su agrado. Yo ADORO con todas mis fuerzas esta película, lo mismo mi pequeño hermano al que va dedicada esta reseña, y porque no, a nuestro pequeño peluche de Tororo que lo cuida por las noches.

10/10



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