domingo, 5 de abril de 2015

Reseña: We3























WE3

Editorial: Vertigo, Planeta DeAgostini, ECC.
Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Frank Quitely.
Entintado: Jamie Grant.
Año de publicación: 2004.

Reseña: el Buen Ñoño Wise.

Amigos míos, mi reseña de hoy es realmente especial. En buena medida porque toca varios temas aún difíciles de abordar para las generaciones no tan nuevas de nuestras sociedades, y además porque es un muy buen trabajo de quizá el más renombrado autor en vigencia hoy por hoy: Grant Morrison.

En compañía de un viejo partner en el dibujo, el amado y odiado Frank Quitely, la dupla (o el trío, si incluimos al entintador Jamie Grant) nos entrega este relato corto que bajo la excusa de una entretenida historia de acción que incluye gore, violencia y una espectacular composición de páginas, presenta con igual fuerza un color de fondo con potentes mensajes sociales y, por sobretodo, éticos. Y precisamente para ahondar en dichas aguas es que es necesario que les cuente al menos un poco el argumento, rompiendo levemente con mi estilo que intenta mantenerse lo más lejos posible de los spoilers. Pero tranqui, que no contaré nada que arruine la obra.

“We3” es la historia de cómo una división de la fuerza aérea estadounidense ha logrado modificar a otros animales a fin de servir propósitos militares. Desde ratas cyborgs que pueden ensamblar un motor de avión trabajando sin parar en tiempo récord, hasta nuestros protagonistas: los números 1, 2 y 3 -un perro, un gato y un conejo, respectivamente- quienes dan nombre a la novela. He aquí el primer mensaje que Morrison nos fuerza a llevar a la realidad: la denominación de nuestros tres personajes mediante simples números. Estos animales otrora domésticos han sido convertidos en pequeños “battlemechs” con implantes cibernéticos en sus cerebros y cuerpos, junto con armas adaptadas a las habilidades de cada uno, y además han sido sometidos a condicionamientos que los han llevado a aprender cómo asesinar de la manera más rápida y efectiva posible a los enemigos de América.

Pero “1” alguna vez fue Bandido, y el primer número de los tres que componen la saga abre con un flyer de “perro perdido, recompensa” en que su familia lo busca. Lo mismo ocurre con los números 2 y 3, Micifuz y Pirata. Todos han sido raptados, viendo violados sus intereses, y siendo separados de una familia que los incluía como miembros sin importar la diferencia de especie.

El conflicto, esencial para toda narración, sobreviene cuando 1, 2 y 3 han de ser “dados de baja”, en un eufemismo castrense que indica simplemente su eliminación para así dar paso a la nueva generación de animales cibernéticamente mejorados, que darán la vida por humanos estadounidenses en las guerras del futuro. Por supuesto logran escapar a su destino fatídico y se enfrentan a una libertad que los halla cambiados, quizá más allá del punto de no retorno. Si a mí me lo preguntan, un relato fascinante en su simpleza, pero complejo en sus implicaciones filosóficas. Algo que a Morrison se le da muy bien, y que es casi una constante en sus proyectos.

Por una parte, hay una fuerte crítica a las fuerzas armadas, y cuán lejos llevan la deshumanización de sus miembros con jerarquías casi inmutables que determinan alcances de poder y hasta destinos para sus miembros: los generales y altos rangos, indispensables, protegidos y fuera del peligro real. Los soldados rasos, carne de cañón, totalmente reemplazables, meros animales que sirven a un propósito para el cual fueron entrenados a creer. La bandera, la patria y el sentido de pertenencia a un colectivo como refuerzo positivo, cual campana de Pavlov diseñada para provocar la respuesta deseada. Pero animales humanos, con familias que los valoran por quienes son y por el amor que dan y reciben. No por ciertas habilidades arbitrariamente útiles para un fin.

Por otra parte, un mensaje directamente desprendido del anterior pero menos difundido, y por lo mismo más conflictivo y que genera mayor rechazo, pero no por eso menos poderoso ni infundado. Al contrario. Me refiero al trato hacia otros animales.

Seguramente todos hemos escuchado a ese amigo vegetariano o vegano que además habla de comer carne como si se tratara de arsénico, o hemos leído aquí y allá en internet que la leche de vaca da cáncer, que hay que respetar a la madre tierra, y que los cristales, el karma y muchas otras cosas. Pues bien, despejemos de la mesa el chamullo y la pseudociencia. Puede que nos encontremos con algo más sustancial, y una que otra verdad incómoda. Si eso ocurre, Morrison lo hizo otra vez.

Leyendo acerca del tema, con el cedazo del escepticismo listo para descartar cualquier magufada, llegué a conocer esta postura ética repleta de sentido y apoyada por los descubrimientos de otras disciplinas científicas como la biología, la anatomía, la fisiología/fisiopatología y la etología, entre otras. No quiero aburrirles, pero el mensaje es sencillo: un gato, por ejemplo, no es lo mismo que un trozo de madera. “Por supuesto, uno está vivo y el otro no”, me podrían decir. Ok, entonces digamos que un gato no es lo mismo que una lechuga, ya que ambos están vivos. Por supuesto, uno es un animal y otro es un vegetal, y esa diferencia se hace patente en un hecho clave: los animales podemos sentir. Algunos casi nada, otros un poco más, otros mucho más, pero podemos sentir y experimentar el mundo de una manera tremendamente más compleja que una lechuga.

En el fondo, todos sabemos bien esto. Por lo mismo, sentiríamos una diferencia (espero yo) si nos viésemos obligados a tener que darle un martillazo a un gato o a una lechuga. El primero cuenta con las terminaciones nerviosas, la médula espinal, los ganglios basales, el cerebro y muchas otras estructuras requeridas para sufrir enormemente con dicho martillazo, mientras que la lechuga no. Más aún: muchos de estos animales, tal como nosotros, poseen la complejidad neurológica necesaria para otros procesos psicológicos como el afecto, el amor, la ira, el miedo, etc. Es por eso que muchos los incluimos en nuestras familias y, salvando las distancias, son miembros de ellas. Es por eso que el planteamiento de Grant Morrison en “We3” se hace relevante, ya que “humaniza” a los protagonistas mediante un habla rudimentaria, pero también al recordarnos que tenían un nombre, que tenían una familia, y que tenían intereses por básicos que estos fueran, y que son comunes a todos nosotros los animales que podemos sentir: acercarnos al placer, no ser privados de libertad, evitar el dolor y el sufrimiento tanto físico como psicoemocional.

Así, “We3” está diseñada para hacernos reflexionar acerca de la utilización de algunos en el poder por sobre otros desprovistos de este, fenómeno común en el ejército y en la historia de nuestro mundo, la verdad. Va más allá aún al poner sobre el tapete a los esclavos más ocultos de nuestro modus vivendi, que son los otros animales sintientes utilizados por nosotros. Visto desde la lógica, y evitando los sesgos cognitivos y los argumentos falaces, muy a pesar nuestro hemos de reconocer que hay un fuerte paralelismo entre el racismo (en donde miembros de una “raza” o etnia hacen prevalecer sus intereses por sobre los de otra), el sexismo (en donde miembros de un sexo o género hacen prevalecer sus intereses por sobre los miembros de otro) y esto que ha venido a ser llamado “especismo”: los miembros de nuestra especie haciendo prevalecer nuestros intereses por sobre los miembros de otras especies, a nuestro capricho.

Potente mensaje el de Morrison a través de esta aventura llena de acción e implicación emocional, que no cae en el facilismo de darnos un trío de “bambis” de ojos grandes, desamparados y vulnerables para facilitar la empatía y la identificación. 1, 2 y 3 se defienden de un mundo hostil con las armas que este les proveyó, y enmarañan el relato de bella manera. Igualmente, el diseño de páginas de Quitely es soberbio, con splash-pages espectaculares que nos hacen olvidar sus formas humanas un tanto grotescas y alienizadas. Son casi su sello, pero quizá las acentuó a propósito.

En fin… una obra corta, de pocas páginas, que sin duda vale la pena leer y hasta releer, para asegurarnos que no sólo leímos la excelente historia de acción rápido y por encima. Si no logramos empatía por sus protagonistas y sus personalidades rústicas pero correctamente individualizadas es porque tal vez no estamos listos para narraciones de este calibre.

 8/10.



































Post: Grant Morrison Varios  (incluye "We3")



7 comentarios :

  1. Tengo pendiente esta obra, pero después de leer tu artículo, no voy a tardar en leerla. Gracias, muy buen texto.

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  2. no me gusto, me dejo esperando un poco mas, preferi rover red charlie, aunque son un poco diferentes

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  3. Bueno Ñoño, (los dos, Wise & Cool), voy a tener que dejar de leer sus reseñas. Me venden lo que sea y yo voy a terminar comprándoselo, hasta un peine para calvos. Aunque el hecho de ser de Grant Morrison es una garantía, con ésta reseña me siento "obligado" a leer esta obra. Si no lo hago, independientemente de que me guste o no, siento que estoy traicionando un poco mi gusto por los cómics indies. Gracias mi pana!!!

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  4. Muchas gracias a ti, amigo. Estoy seguro que mi colega Cool también agradece un montón tus palabras!! :)

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  5. Muchas gracias!!! :3

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  6. Gracias por el cariño que se nota que le ponen a las reseñas, sigan haciéndolas, seguiré leyéndolas!

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  7. Bruno Ponte Reina5 de junio de 2015, 11:14

    Leer este cómic es poder pensar en todo lo que el ser humano puede hacer de daño a los demás en sus continuadas búsquedas de más y mas tecnología y inventos bélicos! Me gustó leer este cómic que no tiene mucho para leer sino más que ver con sus dibujos cargados de fuertes mensajes. Si dice que una imagen tiene más valor que mil palabras y eso ocurre aquí. Gracias por el aporte!

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