viernes, 24 de abril de 2015

Reseña: Maus









































MAUS

Editoriales (en español): Norma (1989, Maus I), Emecé Ediciones (1994, Maus I y II), Planeta DeAgostini (2001, Maus I y II), Mondadori (2007, Maus I y II).
Guión y dibujo: Art Spiegelman.
Fecha de publicación: desde 1980 hasta 1991.
Reseña: el Buen Ñoño Wise.

Sin duda los judíos son una raza, pero no son una raza humana”.
– Adolph Hitler.

Hoy me tiro con palabras mayores. Si ya había reseñado obras de lujo como “The Stand” o “Locke & Key”, enormes en su nicho literario, hoy llevo a cabo la reseña de la única novela gráfica en haber ganado un premio Pulitzer. Me refiero a “Maus”, de Art Spiegelman.

La verdad, tenía temor de escribir este review. Al ser una obra tan conocida y halagada, incluso por multitud de no-lectores de comics, las reseñas de este relato abundan por la red, cual de todas más completa y refinada. Por lo mismo, no sabía qué nuevos elementos podía yo aportar con mis humildes años de lectura en general.

Luego un gran amigo, y administrador de este hermoso blog, me asustó y al mismo tiempo me llenó de coraje al recordarme que esta reseña que ahora ustedes leen (honor que me hacen y que agradezco profundamente) es LA reseña de “Maus” del blog How to Arsenio Lupín. Dicha responsabilidad es pesada, pero precisamente gracias a mi humilde experiencia literaria propia, y a mi historia personal -irrepetible como la de todos nosotros- es que creo que puedo plasmar una visión particular de la narración, a la que espero conducirlos adecuadamente. Espero estar a la altura, evitando los spoilers pero sembrando la semilla de la curiosidad con uno que otro datito.

Vamos con la descripción enciclopédica obligatoria: “Maus” es una novela gráfica de dos partes (“Maus I: Mi padre sangra historia”, y “Maus II: Y allí empezaron mis problemas”) basada en hechos reales, que cuenta la historia del padre del autor, el polaco Vladek Spiegelman, y sus vivencias como sobreviviente del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahí nada nuevo, ¿cierto? Algunos dirán “¡Puf! Otro relato más del holocausto, eso explica el Pulitzer”, o tal vez “El sionismo y su poderoso lobby han dado tanto renombre a esta obra”. Mi consejo: léanla. De verdad vale totalmente la pena construir nuestra propia opinión.

Les seré sincero: ante tantas alabanzas es imposible tener las expectativas bajas a la hora de tomar “Maus” y abrir la primera página. Esto puede jugar una mala pasada, ya que la ilusión humana puede imaginar lo imposible. Por eso, mi segundo consejo es bajarlas, y aunque todo lo que escriba a continuación parezca una burda repetición de lo ya escrito mil veces, la simpleza del relato nos puede llegar a sorprender.

A pesar de esto, considero que es magnífico, a mi juicio por tres grandes razones:

1.- “Maus” nos es narrada “en tiempo real”, cosa que no se ve mucho en las novelas gráficas. Artie Spiegelman se dibuja a sí mismo desde el momento en que decide contar a través de un cómic las vivencias de su padre, y se dibuja yendo a su casa y luego sentado frente a él mientras le sonsaca recuerdos. Así, el retrato inicia de manera descarnada no sólo al describir explícitamente los horrores ya tan conocidos por nosotros, sino también porque Spiegelman nos desnuda su alma y la de sus cercanos, en particular la de su padre, al ir contando cómo daba cuerpo y vida a sus memorias. Con esto, es inevitable sentir que estamos leyendo el comic a medida que se construye, y nos relacionamos con las conversaciones que ambos sostienen. Además, la cronología doble nos permite llegar a varios oasis de calma en medio de la tensión propia de una historia de supervivencia a un genocidio, recordándonos que ya pasó, que Vladek sobrevivió, que la visita a los horrores ocurre desde la seguridad del presente.

2.- El segundo motivo se desprende en buena medida del primero, y corresponde a la transparencia con que Art nos muestra al protagonista del relato, Vladek. Lejos del facilismo y la victimización hollywoodense, los personajes de la novela se nos revelan paradójicamente humanos, con una amplia gama de virtudes y defectos. Y digo paradójicamente porque, no sé si lo sabían, en las ilustraciones de Artie las diferentes etnias son representadas con otros animales, a saber: los judíos como ratones, los alemanes como gatos (no podía ser de otra forma), los polacos como cerdos, los norteamericanos como perros, etc. El formato tipo fábula nos ayuda a hacer algo más tolerable la descripción de sucesos espantosos, y al mismo tiempo refrescarnos cuando acudimos al presente y vemos, por ejemplo, cómo Artie le comenta a su esposa Françoise que no sabe qué animal utilizar con ella al dibujarla en el comic –ya que ella es francesa y le correspondería ser una rana, pero se convirtió al judaísmo precisamente por complacer los deseos del viejo-.

Un ejemplo de esta transparencia señalada se nos muestra en el Vladek del presente quien, a pesar de lo vivido, es un tremendo racista. El autor no tiene empacho en mostrar a su padre y sus nefastas ideas acerca de los negros, ni de revelar cuánto tedio le produce lidiar con las mañas del anciano. Sin embargo, dicha pureza descriptiva nos muestra algo que nosotros, los lectores de cuentos, buscamos cuando nos arrojamos a las historias de otros distintos a nosotros: conexión. El hilo narrativo de a poco nos cuenta cómo Vladek llega a ser quien es hoy, y uno entiende los motivos tras su desmedida tacañería, su continua tozudez por obtener lo que más se pueda de una compra, etc. Finalmente, puede que hasta nos sintamos un miembro más de la familia, perdonando a Vladek debido al cariño que le hayamos tomado, entendiendo la culpa que Artie tiene al sentir esa contradicción emocional de amar a su padre y al mismo tiempo tener que soportar sus rezongos y caprichos, admirando la paciencia de Mala y de Françoise, estremeciéndonos en los momentos de terror y regocijándonos en otros de alegría.

Esta sinceridad extrema queda perfectamente graficada en esta viñeta, que el mismo Artie le comenta a su psicólogo (también dibujado en la novela), luego de la publicación y éxito de la primera parte de “Maus” llamada “Mi padre sangra historia”: la culpa de Artie por obtener reconocimiento y beneficio a costa de aquellos que murieron.

Un detalle interesante: en este momento Artie se dibuja a sí mismo como un humano con una máscara de ratón, a diferencia del resto de la novela, en que ES un ratón mas.


3.- El último motivo por el cual creo que “Maus” es un relato superior de un tópico histórico abordado ad nauseam es consecuencia de lo ya expuesto: la intimidad de la relación padre-hijo.

Cuéntenme si les pasa lo mismo: al cerrar el libro quizá tengan –por supuesto- aquella agradable sensación de comprender que han leído una excelente novela, pero también puede que sientan que el relato principal usa al holocausto como secundario para contar, realmente, la historia de cómo un hijo busca comprender a su padre a través de sus vivencias. Este paralelismo desgarrador trasciende las páginas, ya que comprendemos que el Artie Spiegelman humano, el de la vida real, es exactamente el mismo ratón del comic, y que lo que tenemos en las manos es el deseo convertido en materia de dicho anhelo filial.

No pude menos que emocionarme al leer “Maus”. Quizá las alabanzas sean exageradas, quizá el tema se haya agotado hasta el cansancio, pero presenciar sin tapujos el relato de un padre y un hijo que intentan acercarse el uno al otro de una forma peculiar es un placer indescriptible.


9,5/10





















13 comentarios :

  1. Esta obra es GRANDIOSA!! Realmente merecedora de los elogios que se ha ganado

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  2. Lo es, querido amigo y colega reseñador. La segunda mejor novela gráfica que he leído :')

    P.S: Aguante el Ñoño Corps!!! :3

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  3. Ñoño Corps al Infinito y más allá!

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  4. Maus es genial, no importa que la hayan reseñado antes, vale la pena darle más atención

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  5. Maus es uno de esos tesoros, y tal como Sandman me da pena que no sea más conocida por el mainstream a pesar de que resuena fuerte entre los comiqueros

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  6. Es verdad. Muchos dicen que la leyeron sin haberlo hecho, y se pierden de un placer de aquellos.

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  7. Yo la leí hace tantos siglos que lo único que me acuerdo era lo simple y fácil de leer (creía que era todo lo contrario) y eso que dices tú, la constante búsqueda del hijo de comprender y acercarse cada vez más a su padre en tiempo real.
    Eso sí que se me quedó pegado.

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  8. Mil veces mejor que leer el Diario de Ana Frank.

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  9. La obra es excelente, pero tu reseña querido Ñoño...está a la altura. Mis más sinceras felicitaciones, has conseguido que la reseña tenga el halo cotidiano y humano que tiene Maus.

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  10. Leonardo Martin Lucarelli Inho25 de abril de 2015, 16:46

    EXCELENTE !!!!!

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  11. Amigo, te agradezco un montón. Gracias a comentarios como los tuyos es que uno se atreve a seguir escribiendo sus humildes letras. Un saludo afectuoso.

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  12. Es una Excelente Obra, les recomiendo a todos que la lean..!

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