martes, 16 de abril de 2013

Novela: ¿Como escribir una historia?

Escribir
Por: Tarquino Félix Flores (El Monstruo Interior, La Redención del Sicario, La Noche de la Fiesta).

Reciban cordiales saludos, estimados lectores. Decidí escribir esta disertación acerca de cómo escribo mis historias, dedicada a ustedes, quienes que me han brindado su apoyo y que veo que tienen la inquietud de escribir las suyas propias. Un agradecimiento especial a Nexus por haberme animado (sin querer queriendo) a compartir esto con ustedes.

De antemano tengo que hacer la aclaración de que NO soy un escritor profesional. Soy un amateur, un principiante, un aficionado. Tampoco les diré que solo hay una técnica definitiva para escribir un libro/novela/cuento, cada autor tiene la suya propia, que a su vez ha adoptado y adaptado de alguien más, y en muy raras ocasiones, han desarrollado la suya propia desde cero, algo admirable si se me permite la expresión, por eso es que en este caso les hablaré de cómo le hago para escribir.

Para empezar, escribir no es nada que sea muy difícil. Es algo que todos hacemos todos los días. Lo hacemos cuando actualizamos nuestro estado en las redes sociales, cuando twitteamos, cuando enviamos un correo electrónico desde nuestro trabajo o escuela, cuando le mandamos un mensaje de texto a algún amigo o familiar e incluso cuando le agradecemos a alguien por un comic book que subió a este blog. Escribir es algo natural para la mayoría de ustedes, los lectores y es allí donde obviaré el primer punto, porque para poder escribir, hay que leer mucho y variado. ¿Sencillo, verdad?

El segundo punto sería: ESCRIBE siempre que puedas. Quizá la mayoría de ustedes crea que NO tiene mucho tiempo libre para dedicarlo a la escritura, lo cual es completamente falso. Tenemos mucho tiempo libre, aunque muchas veces está dividido en ratos cortos en la escuela o nuestros trabajos. ¿Qué me dices de esa media hora donde te la pasas sentado, mirando ese programa de TV que odias porque a continuación sigue el que más te gusta? ¿O esos quince minutitos que pasas sentado a la mesa después de comer sin hacer otra cosa que pensar en la inmortalidad del cangrejo? ¡Claro que tienes tiempo! Lo que pasa es que muchas veces no logras ver cómo y por dónde se te escapa. Es aquí donde deseo recomendarte la lectura de un libro que en lo personal me ayudó a ver las cosas de un modo de vista muy diferente: Ponga Orden en su Mundo Interior, de Gordon McDonald (el cual incluyo al final para que lo descargues y le des una buena leída). A pesar de ser un libro con un enfoque claramente religioso (no cambies de religión si no te apetece, esto es acerca de cómo escribir, no acerca de doctrina cristiana) contiene muy buenas enseñanzas acerca de cómo aprovechar el tiempo.

Espero que este libro te ayude un poco a aprender cómo recuperar tu tiempo para dedicárselo no solo a la escritura sino también a tu familia y tus otros proyectos personales. Continuando con el tema, escribir es sencillo en cuanto nos damos cuenta de que es algo que hacemos todos los días, pero que pasa desapercibido. ¿Cómo escribir? Dados mis antecedentes (trabajé un par de años como reportero y colaborador en dos revistas de circulación nacional en México) te puedo aconsejar que comiences por escribir cosas sencillas: ¿qué te ocurrió hoy en el trabajo/escuela? O ¿recuerdas aquel suceso que viviste en aquel viaje/vacaciones? Estas pequeñas historias, propias o ajenas, yo las llamo “anécdotas puras” y las escribo en documentos de texto individuales que guardo en el disco duro de mi computadora. Son como pequeños bloques de LEGO los cuales puedo usar más adelante en mis historias como parte del desarrollo de la misma o como parte de los antecedentes de algún personaje.

¿Un ejemplo? Recuerdo que hace muchos años, cuando era adolescente, trabajé como encuestador (y promotor de crédito) para una conocida cadena de tiendas de electrodomésticos de mi país. Cierto día, me tocó ir con uno de mis compañeros a trabajar en la zona norte de Veracruz, del otro lado del río que separa ese estado de Tampico, Tamaulipas, donde vivo. Mientras charlábamos animadamente acerca de cosas intrascendentes, caminamos y caminamos buscando la colonia donde se supone que íbamos a realizar nuestra labor y nos perdimos. Esa anécdota la adapté para el capítulo XIV de El Monstruo Interior, donde los dos agentes caminan a encontrarse con los Freakin’Five a orillas del mismo Río Pánuco.

Como puedes ver, la inspiración está allí, solo es necesario usar un poco tu imaginación y puedes convertir un recuerdo o anécdota de lo más sencillo en una escena interesante y trascendente en la narración de una historia (les pareció interesante, ¿verdad?).

¿De dónde más puedo sacar la inspiración?

Repito: usa tu imaginación. Me gusta comparar la creatividad con un aeropuerto sobre el cual hay innumerables aviones con pasajeros (que serían las ideas) que esperan su turno para aterrizar. En cuanto un avión con una o varias ideas “aterriza” es necesario llevarla hasta la sala de espera donde bajan los pasajeros. Digamos que de pronto se te ocurre una idea para una historia mientras viajas en el autobús o metro rumbo a tu trabajo o escuela. ¿Cómo le hago para NO olvidarla? Digamos que no tienes a la mano papel y pluma (o lápiz) o que te da flojera imitar a Eminem en 8 Mile. Seguramente tienes un teléfono celular o móvil. Si tiene grabadora de voz, úsala y graba tu idea. Si sólo tienes mensajes de texto, escríbete un mensaje y envíatelo a ti mismo (si no deseas gastar tu precioso saldo en algo tan trivial sólo guarda el mensaje sin enviarlo) y así, cuando estés frente a tu computadora (¡ordenador, pues!) podrás desarrollarla un poco más, hasta que vaya agarrando forma.

Recuerda siempre guardar tus textos en un pendrive o memoria usb, ya que si estas usando el ordenador de tu escuela o tu trabajo (en el caso de que te permitan usarlo para escribir tus cosas personales) es probable que alguien más tenga acceso a tus archivos y los plagie o los elimine. La forma más sencilla de empezar una historia es leyendo una de tus anécdotas y hacerte la pregunta “¿Qué tal si…?” Por ejemplo: me sé una anécdota de algo que le pasó a un amigo cuando estaba en la primaria. Un día estaba jugando con sus compañeros a las escondidas y sonó la campana anunciando que el recreo había terminado. De regreso a su salón de clases todos notaron que faltaba uno de sus compañeros, así que la maestra le pidió a mi amigo que fuera a buscarlo. No tuvo suerte, pues después de buscar por todo el patio, los baños y hasta en la dirección, su compañerito no aparecía. Después de casi una hora de búsqueda infructuosa (la verdad no recuerdo bien si fue una o si fueron dos horas las que me dijo) por fin apareció su compañerito: ese día había estado haciendo mucho calor y se había hecho “la pinta” de la escuela (se salió sin permiso) para ir a un centro comercial cercano para comprarse un jugo. Estando allí se encontró con una de sus tías y la señora, en vez de regañarlo, le pidió ayuda para hacer las compras. Aquí es donde entra el “qué tal si” del que les hablé:

¿Qué tal si el niño hubiera sido secuestrado…?
  • a) Por uno de sus padres, huyendo del otro.
  • b) Por el amante de alguno de ellos, por venganza.
  • c) Por error, al confundirlo con el hijo de alguien más
  • d) Por una secta que buscaba niños con su mismo tipo sanguíneo y color de ojos para un ritual (jamás supe si el chamaco tenía los ojos verdes, azules, cafés así que solo uso mi imaginación, al igual que ustedes al leer esto, pues ya se imaginaron que quizá el pequeño tiene ojos de algún color sin que yo les haya dicho nada)
  • e) Por una agencia gubernamental.
O… ¿qué tal si el niño se hubiera ido de la escuela porque…?
  • a) En realidad es un superhéroe infantil y tenía que proteger al mundo de una amenaza extra dimensional/extraterrestre/un supervillano.
  • b) Sin querer viajó a otra dimensión/época/universo paralelo
  • c) Decidió salir al mundo a vivir una aventura, previamente le había “ordeñado” las tarjetas de crédito y las cuentas en el banco a sus padres.
  • d) Quería ir a buscar a sus verdaderos padres tras enterarse que era adoptado.
  • e) Se había ido a su casa a terminar el Doom 64 porque de pronto se le había ocurrido una estrategia para pasar el último nivel.
Imaginación. Sólo eso se necesita para convertir una anécdota corta y sencilla en la premisa de una historia larga y (con algo de suerte) muy interesante. Lo cual nos lleva al tercer punto: después de leer y escribir tus propias ideas, LÉELAS. Te llevarás una gran sorpresa al darte cuenta que has empezado a escribir una historia, y es probable que encuentres algunas (si no es que muchas) cosas que te gustarán mucho y otras que quizá no te agraden. Es normal. Todo proceso creativo conlleva eso. Si al leer tu historia sientes que no es tan buena como creías: FELICIDADES. Eso quiere decir que puedes mejorarla y perfeccionarla, y eso es lo que vas a hacer.

Revísala minuciosamente. Gracias a los correctores ortográficos de la mayoría de los procesadores de texto actuales lo único que debe de preocuparte es la gramática (mi punto débil…¡auch!). Cambia lo que creas que debe cambiarse, borra lo que decidas que no te gustó, reescribe, agrega, edita….es TU obra al fin y al cabo y nadie, absolutamente NADIE aparte de ti tiene control sobre ella. Quizá la dejes guardada en tus archivos durante días, semanas o meses para después (que tengas una idea de cómo mejorarla) la visites de nuevo, y eso no es malo en absoluto. Yo aún tengo por allí un par de textos sin terminar (uno de los cuales empecé a escribir mucho antes que El Monstruo Interior) y prácticamente todos los días se me ocurre algo nuevo, aunque no todo encajaría con la visión que tengo para esas obras. A propósito de eso, de la visión. Puedes llevar el proceso creativo de varios modos diferentes: el primero es saber dónde inicia tu historia y que desde el principio ya sepas hasta donde la quieres llevar, es decir, que desde el principio ya tengas en mente cual será el final de tu historia.

Otro modo es empezar a escribir y ver hasta dónde te lleva la inspiración, sin limitarte a un final planeado con anterioridad. El Monstruo Interior es un ejemplo del primer modo. Desde que comencé a darle forma a la historia ya sabía cómo quería que terminara, solo fue necesario ir adaptando ese final conforme iba agregando más personajes a la trama. La Redención del Sicario es un ejemplo del segundo modo. Realmente no sabía cómo podría finalizar una historia así, de hecho, no usé el final original que escribí (Cyber Patito es de los pocos que lo ha leído) ya que no me permitiría hacer una secuela más adelante…y ahora que lo pienso, la verdad no sé si habrá una secuela, creo que la historia está bien así como quedó al final.

Llegamos al cuarto punto: las críticas. En cuanto tengas terminada tu historia, lo más recomendable es buscar a alguien de confianza para que la lea y te dé su opinión. Si la opinión de esa persona es que “es perfecta y genial” busca a alguien más y pídele su opinión sincera. Necesitas recibir críticas para darte cuenta de tus errores (nuevamente, no ERES PERFECTO y ellos no te estarán atacando a ti, sino te estarán diciendo EN DÓNDE PUEDES MEJORAR). Tras lo cual, debes revisar nuevamente tu obra, esta vez más detenidamente para tratar de mejorarla lo más posible. O simplemente puedes decidir que te vale un sorbete lo que digan y continuar adelante. En cuanto recibas una crítica favorable de un amigo que al principio dijo que mejor no perdieras el tiempo escribiendo, sabrás que estás listo para continuar y compartir tu obra con los lectores. Tómate tu tiempo para escribir. Escribe, escribe, escribe. Es cuestión de hacerte de un poco de tiempo y de un poquito de disciplina. Verás que entre más escribas más irás mejorando. Por último, antes de terminar esto: decidí incluir un pequeño cuento que publiqué originalmente en Facebook hace unos meses. Sin descargar ni nada, solo léanlo y disfrútenlo.

Saludos y bendiciones desde Tampico, Tamaulipas.




EL AMABLE SEÑOR LOBO
(un cuento para antes de ir a dormir)

Por: Tarquino Félix Flores

CADA paso que daba hacia el frente era mas corto debido al cansancio. Se detuvo y volteó, pero no pudo ver a nadie. Sentía que había alguien….o algo que la seguía desde hacía mucho rato, pero aún no lo había visto o escuchado. Rodeó un enorme árbol, para ver si lograba avistar a su acosador, pero al voltear, nuevamente no había nadie detrás de ella. Después de frotar sus manos, nerviosa, siguió su camino, llegando hasta el sendero que la llevaría hasta donde estaba su abuela. Solo había avanzado unos cuantos pasos cuando la enorme creatura le cerró el paso.

-Buenos días. ¿A dónde vas con tanta prisa? –Preguntó, con una voz cavernosa pero amable.

-Voy con mi abuelita. –Contestó ella con un poco de miedo.

La creatura, que estaba erguida sobre sus patas traseras, la miró un instante, y después, caminó en cuatro patas alrededor de ella, mirándola fijamente, oliéndola, analizándola. La niña no volteó a verlo, solo esperó en silencio, inmóvil, a que el enorme lobo se pusiera de nuevo frente a ella, donde se sentó y volvió a hablarle.

-Este lugar es muy peligroso como para que una niña tan pequeña como tú ande sola. Creo que deberías de irte.

-Pensé que ibas a comerme. –Dijo la pequeña, aliviada.

-¿Comerte? ¡Ja! –Dijo el lobo de manera despectiva.- Eres tan pequeña que no calmarías mi hambre, además tu olor no me agrada. No hueles como algo que me gustaría comerme, quizá tu sabor no me guste.

La pequeña estiró su mano y acarició amablemente el hocico del lobo, quien la lamió juguetonamente y dejó que le rascara detrás de la oreja. La niña notó que su mano se había manchado de un líquido rojizo, que el lobo inmediatamente lamió para limpiarle.

-Me disculpo. –Dijo el Lobo, apenado.- A veces no me da tiempo de asearme correctamente después de comer.

-Te entiendo, señor Lobo. –Contestó la pequeña.- A mí también se me olvida cepillar mis dientes después de las comidas. Mi mama me regaña, dice que se me van a picar los dientes y que después me van a doler mucho.

-Hazle caso, niña. Tus padres saben lo que dicen.

-Yo no tengo papá. Solo mamá y mi abuelita. –Contestó la niña, bajando la mirada.

-Eres afortunada. Yo no tengo ni mamá ni papá. –La miró un instante y se acercó a ella.- Ven, sube en mi lomo. Te llevaré a los límites del bosque para que salgas de aquí.

La pequeña obedeció y trabajosamente, se montó encima del enorme lobo, sujetándose firmemente de su pelo. Una vez que estuvo bien agarrada, el lobo aulló y comenzó a trotar.

-¡Agárrate bien! ¡No te vayas a soltar!

-¡Si señor Lobo!

Después de cruzar a través de la parte más oscura del bosque, donde la niña no pudo ver la luz del sol por un largo rato, de atravesar una cueva donde miró brillantes ojos macabros que la veían desde la oscuridad y de cruzar un puente, llegaron a los límites del bosque, donde el lobo se echó para dejar que la pequeña se bajara.

-Muchas gracias, señor Lobo. –Dijo ella, sonriendo.- ¡Ni mi abuelita ni mi mamá me van a creer cuando les cuente que viajé montada en un lobo de verdad!

-Pequeña…preferiría que no le dijeras a nadie de nuestro pequeño encuentro. –Dijo el lobo, que ya estaba sentado nuevamente frente a ella.- Algunas personas no entenderían que un lobo grande y viejo como yo tratara con amabilidad a una niñita tan dulce, linda y joven como tú. Anda, cruzando esos arbustos estarás afuera del bosque. Cuídate mucho y recuerda jamás andar sola por aquí nuevamente.

-Gracias señor Lobo. Espero verlo de nuevo algún día.

-Y si eso no pasa, fue un placer conocerte pequeña. Adiós.

La niña se despidió del lobo, y al llegar a los arbustos y empezar a atravesarlos, sintió como un par de manos la tomaban de su cintura y la jalaban hacia enfrente. Cerró los ojos y estiró sus manos para abrazar a su abuelita.

-¡Hijita! ¡Aquí estabas! ¡Tenemos mucho rato buscándote!

La niña abrió los ojos. Nuevamente estaba en el departamento de ropa de la tienda. La joven empleada que se acercaba detrás de su abuela tomó el radio y dijo:

-¡Ya apareció! ¡Cancelen la búsqueda!

-Muchas gracias, señorita. ¡Disculpen tantas molestias, es que mi nietecita es muy traviesa e hiperactiva!

-No se preocupe señora. Suele pasar… ¡pero le juro que ya había venido a revisar entre la ropa y no la encontré por ningún lado!

-De seguro la vio y se cambió de lugar entre los estantes donde están colgados los vestidos… ¡así es ella de juguetona! ¿Verdad hijita?

-Si abuelita. Perdóname. –Dijo la niña, abrazándola.

-Bueno señora. Ya vamos a cerrar, si gusta, las acompaño hasta la salida. –Dijo la joven.

-No se moleste señorita. Solamente paso a recoger la ropa que compré y nos iremos. De nuevo, muchas gracias.

La señora, cargando a su nieta, se alejó por el pasillo rumbo al elevador, mientras la joven empleada se despedía. La pequeña niña respondió al gesto, despidiéndose con la mano, mirando como la muchacha se acercaba a donde estaban colgados los vestidos donde ella había estado escondida.

Cansada y con sueño, cerró los ojos y no pudo ver como algo jalaba violentamente a la joven hacia la pared, donde desapareció entre la ropa, en donde se empezó a formar un pequeño charco de sangre, mientras se escuchaba un aullido seguido de una carcajada, provenientes del interior del muro.

FIN


Ponga Orden en su Mundo Interior, de Gordon McDonald

7 comentarios :

  1. Te agradezco mucho este post, me interesa mucho Gracias Tarquino, ,uy valioso.

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  2. A dormir feliz muy buena la historia y el consejo para escribir.

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  3. Para profundizar en el tema recomiendo dos blogs bastante buenos:
    -Como escribir un libro (sin morir en el intento)
    -Literautas (este tiene un taller de microrelatos bastante divertido)

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  4. Cojonudo. Gracias Tarquino. Puede que ponga en practica tus consejos. Hace tiempo que quiero escribir algo. Impagable.

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  5. me alegra que les haya gustado y espero que les sirva. espero leer alguna historia tuya pronto, Nexus!

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  6. Muy interesante. Hace ya un par de años que dejé de escribir y no encontré la vuelta de ningún modo, pero estos tips me dieron ganas de volver a intentarlo. Gracias :)

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